
Carlos Bianchi, a pesar de lo que mucha gente cree en Europa, no es producto de Boca. Bianchi es, todavía hoy, una de los hombres clave en la historia de Vélez Sarsfield, hasta el punto de que se puede decir que los más de cien años de existencia de El Fortín no tendrían sentido si el afamado Virrey no hubiera pasado por sus disciplinas. Carlos Bianchi comenzó su carrera deportiva a finales de los 60 en Vélez y ganó aquel Metropolitano histórico que se resolvió en un triangular, similar a lo que ha ocurrido en el Apertura, disputado entre el propio Vélez, River y Racing en 1968. En Liniers se convirtió en un hombre gol imparable, hasta dos veces se coronó como máximo goleador del campeonato argentino. En 1973 pasó a Francia, donde fue Pichichi del campeonato galo hasta en cinco ocasiones. En 1981 volvió a Vélez y otra vez salió máximo goleador. En total en Argentina sumó 206 goles en 324 encuentros y en Francia 179 en 222 choques. Es el jugador que más tantos ha marcado en grandes ligas, distintivo que le reconoce la propia FIFA.
Bianchi era el gol, el señor del tanto, un matador nato que en Argentina siempre llevó a Vélez en el pecho. El apodo de Virrey viene de su etapa en dicho club, radicado en el barrio de Liniers, que toma el nombre del Virrey Liniers, quien a comienzos del siglo XIX estaba al mando del Virreinato del Río de la Plata. Por eso Bianchi, después de modestas experiencias en Francia en los banquillos, cuando comenzó a dirigir en su país lo hizo en Vélez. Y allí, con un equipo mítico, en el que jugaban hombres como Chilavert, el Pepe Basualdo, Omar Asad, Roberto Trotta, Christian Bassedas, Mauricio Pellegrino o el viejo conocido de la Liga española, Turu Flores, logró forjar una etapa legendaria, conquistando un Apertura, dos Clausuras, una Libertadores y una Intercontinental. Luego se fue a la Roma con quien hoy es el técnico de Boca, Carlos Ischia, que también le acompañaba en Vélez, y de ahí pasó a Boca donde su figura alcanzó la figura de mito.












