
El fútbol muchas veces muestra compasión y da segundas oportunidades. Ésa es una de sus grandezas. Donde las dan las toman. Y, a veces, las cosas se ponen en su sitio. Sí, aunque no lo crean, la justicia de vez en cuando aparece por los estadios. Esta semana Boca visitaba La Plata para enfrentar a su verdugo en el anterior Apertura. El Xeneize quería desquitarse del que le robó un campeonato que parecía suyo. Pero al margen de lo colectivo, había un hombre que tenía que ajustar cuentas a otro. Un hombre que pedía venganza. Ahora tenía su oportunidad. Se llamaba Martín, de apellido Palermo. Su enemigo: La Brujita Verón.
Ambos jugadores nacieron en Estudiantes. Dieron sus primeros pasos en el Pincha para luego irse a Boca y de ahí saltar a Europa. Ambos sienten a Estudiantes muy adentro y entre ambos había buena sintonía, incluso una amistad. Pero en la pasada final del Apertura, Verón jugó muy sucio. Palermo abrió el partido. No celebró el gol, como siempre que le marca a su ex, pero el capitán de Estudiantes, en cambio, le recriminó las ganas con las que estaba jugando. ¿Qué quieres que haga?, le dijo el Loco. La hinchada de Estudiantes se le echó encima al bueno de Martín, quien jamás tuvo un desplante con la gente. Eso le tocó, le dolió mucho. Verón optó por el todo vale para ganar. Y Palermo eso no lo logró comprender.



