
Deja el Real Madrid, donde lo ganó todo, desembarca en la liga alemana, gana la Copa, llega a semifinales de la Champions con un conjunto que nunca las había alcanzado y ahora consigue que uno de sus goles sea elegido el mejor del año 2011 en la Bundesliga. Así, tan resumido, parece poca cosa, pero este galardón no es sino un nuevo triunfo en una carrera plagada de éxitos que para muchos parecía haber tocado a su fin y en la que él mismo se encarga de recordar que aún le quedan plazas por conquistar. Y es que, a sus 34 años, Raúl es todo un ídolo en Alemania.
Fue en el pasado mes de agosto, cuando su equipo, el Schalke 04, ganó al Colonia por 5-1. Raúl hizo esperar a los allí presentes al último gol de los seis que se marcaron para anotar el más bello de todos. Recogió de espaldas un balón entre líneas con su pierna menos buena gracias a un control orientado que le permitiese disparar con su zurda, giró sobre sí mismo y, toda vez frente al portero, tiró de uno de sus recursos habituales: la cuchara, que hizo inútil cualquier respuesta del portero. Un magnífico tanto valorado por los aficionados alemanes como el mejor del año 2011 (contado como año, no como temporada).







Qué gustito y qué placer debió sentir en la tarde del sábado el bueno de Robben. Si ya uno cuando cumple las expectativas cree que alcanza el cielo, cuando las supera y lo hace con creces es para no dejar de brindar en días. Sí, porque el debut glorioso del holandés con el Bayern es muy probable que no lo hubiese imaginado ni en la peor de sus pesadillas Valdano o el que decidiera mandarlo a Alemania. Dos goles y primera victoria del Van Gaal al frente de los bávaros, cuando más le apretaba la soga y cuando Beckenbauer se empezaba a impacientar.

