Si cada uno escarba en el orígen de este hobby, pasión, juego u obsesión que nos une en torno a este blog, todos encontraremos un momento concreto. Un chispazo inicial que hizo prender la mecha y definir tu posición respecto al mundo del fútbol. Un contrato indisoluble donde al firmarlo eliges filias y fobias inquebrantables que te acompañarán toda la vida. El problema es que no puedes razonar ese contrato. El momento de firmarlo es la infancia y el chispazo comentado obedece casi siempre al azar. Tal fue mi caso en aquellas dos semanas de Abril de 1989 .
Con seis años el fútbol representaba para mí una molesta interrupción que congregaba a mi padre frente al sofá e interrumpía cualquier cosa que estuviese viendo. Desde mi lucidez infantil juzgaba mucho más interesante a Espinete que ver aquel puñado de imbéciles corriendo de un lado para otro. Los intentos paternos por acercarme al juego fueron baldíos. Me negaba en redondo a pasar por el aro. Me negaba hasta que vi aquella portada de Blanco y Negro, antigüo suplemento del ABC. Y en ella estaba Rud Gullit. El suplemento bajo el título de “el partido del siglo” abordaba la semifinal de Copa de Europa entre el Real Madrid y el Milan. En la portada aparecía un montaje con Michel y Gullit disputando un balón. Un acontecimiento que decían iba a paralizar el país y en el que participaba aquel fenomenal rastafari tenía que ofrecer algo tan bueno como Barrio Sesamo. Y así presencié mi primer partido y quedé atrapado para siempre en este juego.

Después del relativo éxito del
Los videojuegos siempre han sido uno de mis pasatiempos favoritos, prácticamente desde que a los ocho años mis padres decidieran regalarme un Amstrad CPC 464. Y de entre mis juegos preferidos, estaban siempre los de fútbol. Actualmente es el flamante 

