Cada equipo de fútbol tiene su historia. Y dentro de ese pasado, hay nombres ilustres, especiales, inolvidables, que quedan marcados en la memoria de los aficionados para siempre, haciendo mención de ellos cuando las cosas no van bien y aumentando su nostalgia por la falta de gente parecida a los genios del pasado. En la Roma, uno de esos nombres ilustres es Bruno Conti. El habilidoso zurdo ha pasado a la historia como uno de los mejores futbolistas que han pasado por el club italiano, para el que trabaja actualmente como director deportivo.
Pero este post no va dedicado al gran Bruno, sino al pequeño Daniele. El hijo del ilustre romanista no tiene la velocidad de su padre, ni su calidad, ni su desborde. Seguramente nunca llegue a jugar con la selección ni será campeón del mundo, y su nombre no acabará incrustado en la memoria de los aficionados de su club, el Cagliari. Sin embargo, es un buen medio centro, 100% italiano, correcto con balón y perfecto sin él. Y esta tarde, Daniele, bajo la atenta mirada de su padre, ha marcado el gol de la jornada en Italia.

“A Gigi Riva el pie derecho no le sirve más que para subir al tranvía”, Esta sentencia pronunciada por el mítico entrenador del Cagliari Manlio Scopigno, sobre su principal figura no dejaba de ser real. Sin embargo citar sólo una parte de la verdad constituye en ocasiones la mayor de las falacias. La desgraciada extremidad derecha de Riva que sólo le bastaba utilizar el transporte público no estaba sola. Contaba con una gemela, y esa gemela su izquierda, constituyó el arma más devastadora del calcio durante toda una década. La potencia de fuego de ese pie izquierdo provocó que el periodista Gianni Brera lo apodase “el sonido del trueno”.

