Se viene anunciando en los medios de comunicación, y ya no sólo este verano sino en anteriores, que el dorsal ‘4’ del Barcelona está reservado para Cesc Fàbregas. Su reencuentro con la que fue su casa se ha dilatado tanto que esta pretemporada otro que directamente ya forma parte de ella ha desafiado a los anunciantes adjudicándose el preciado dorsal que entre otros lució en su día Pep Guardiola. A Thiago Alcántara poco le ha importado esa presunta adjudicación y él, con todo el mismo descaro que le caracteriza sobre el verde, se ha hecho con un número que, visto lo visto esta pretemporada, no le viene grande.
Como muestra, la exhibición en la Audi Cup. Un torneo con un cartel de lo más interesante en el que Thiago, literalmente, se ha salido. Primero ante el Internacional de Porto Alegre, donde logró firmar uno de los dos tantos. En la final, ante todo un Bayern de Múnich, sumando otros dos (el segundo de ellos una delicia) y evidenciando una clase de la que muchos se quedaron prendados. A pesar de su juventud, se le ve madera de esa palabra que de momento mejor no mencionar, y un perfecto relevo al actual centro del campo blaugrana, que cuenta en sus filas con hombres intocables como Xavi, Iniesta o Busquets o alternativas como Keita o Mascherano.

Mediados de los años 50. Varios hombres trabajan en torno a una mesa. Uno de ellos es el arquitecto Francesc Mitjans Miró, a quien el Fútbol Club Barcelona ha encargado que proyecte el nuevo estadio; concretamente, es una petición de su primo Francesc Mirón-Sans, presidente del club catalán. Junto a Mitjans, entre otros, Josep Soteras i Mauri y Lorenzo García Barbón, sus ayudantes. Se aplican concienzudamente en estudiar la construcción y fabricar la maqueta de un campo que, hasta el momento, nunca admitió apellidos.
Thiago Alcántara sólo tiene veinte años. A esa edad lo normal es ser una promesa del fútbol, no una estrella. Sin embargo en las últimas semanas venimos asistiendo a una campaña que busca entronizar al joven jugador del FC Barcelona y la Selección Española Sub21. Dentro del barcelonismo hay quien, antes de tiempo, quiere ver en Thiago al próximo director de orquesta blaugrana. Y desde el otro bando, no falta quien quiere aprovechar el asunto para ver si con ello se enquista el Caso Cesc.
A estas alturas, los aficionados del Atlético de Madrid no se dejan engañar fácilmente. Son ilusos, soñadores, pero no crédulos. Por eso, cuando desde el club mencionan la palabra cantera, en la grada se echan a temblar. La experiencia de los últimos años ha demostrado a los colchoneros que los jugadores de la casa no suelen tener sitio en el primer equipo. Exceptuemos. Fernando Torres ha sido el último gran exponente de la cantera atlética pero tuvo que emigrar en busca de mejor vida. Antonio López sigue actualmente en el club y, como capitán, levantó los dos recientes títulos europeos; sin embargo, tuvo que promocionarse antes en Osasuna. Y David de Gea, con sólo 20 años, se ha convertido ya en una realidad; aunque ahora suenan rumores de venta y los aficionados tienen, más que un jugador con que ilusionarse, motivos para sufrir con su posible marcha.
El Málaga visitaba el Calderón con la ilusión de conseguir su primera victoria a domicilio de la temporada. Es más, el triunfo se convirtió en necesidad desde el momento en que el Zaragoza certificó su triunfo en Tenerife (1-3). Todo por evitar la zona de descenso. Y se plantó en el Manzanares con las ideas muy claras. Era el comienzo de la vuelta liguera, y los de Muñiz guardan buenos recuerdos del inicio del Campeonato, cuando ganaron 3-0 al Atlético en La Rosaleda, por lo que, conscientes de las debilidades defensivas de su rival, decidieron probar suerte desde bien temprano. Así, una internada de Jesús Gámez por la banda derecha acabó con un centro-paseo hasta al segundo palo, donde Duda apareció para poner el 0-1. Alegrón malaguista en el minuto 3. 
Es hora de dar algo de caña. Basta ya de utilizar medias tintas para referirse al Atlético; un equipo históricamente grande, sí, pero actualmente tan vulgar que se arrastra, prácticamente, por cada campo que pisa. Hoy tocó el Coliseum, y allí dejaron los rojiblancos esa imagen lamentable a que tan acostumbrados andan sus seguidores. Del partido, sólo cabe decir que el Getafe es mejor que el Atlético. Será por ello que cuentan los de Míchel con siete puntos más en la tabla. Será porque el hábito no hace al monje, y porque en el club del Manzanares la humildad brilla por su ausencia, hay falta de realismo y las aspiraciones son delirantes.
A juzgar por lo visto en lo que llevamos de campaña, parece que para el Atlético de Madrid la temporada no hubiese empezado aún. Da la sensación de que el equipo está inmerso en un periodo de prueba, que está en el buen camino, pasando de los errores colectivos a los individuales, como dice Quique Sánchez. Otra mentira más. Hace tiempo que este equipo arrastra problemas tanto colectivos como individuales; lo del gol en el último minuto no es nuevo, ni tampoco lo del penalti. Todo es consecuencia de la torpeza de un conjunto de jugadores que apenas se conocen, independientemente del tiempo que lleven juntos. O quizás se conozcan tanto que no confían los unos en los otros. Todo es posible. 

