
Viendo ayer la final de la Supercopa de Europa, en los minutos de más atasco azulgrana encarando ya el final del partido, mis compañeros barcelonistas se quejaban de las pocas alternativas en el banquillo. Bromeábamos con la escena imaginaria de Guardiola deseando hacer un cambio, mirando al banquillo para encontarse ante sí a Bojan, Pedro y Gudjonssen mirándolo atentamente mientras come pipas y gesto de decir “qué pasa?”, para acto seguido volver su mirada al campo de juego sin hacer ningún cambio.
Pero está claro que Gurdiola confía en su cantera y la jugada de momento, como casi todas las que ha propuesto, le ha salido bien. Bojan y sobre todo Pedro revolucionarion el juego azulgrana, aportándole más movilidad y mordiente cuando más lo necesitaba. Con la confianza ganada y sintiéndose piezas importantes de un equipo ganador, aportaron su frescura física de forma determinante y encararon sin miedo a sus rivales para doblegar la resistencia de los ucranianos.
No hicieron falta pues, por lo menos ayer, los solicitados “refuerzos de banquillo” para el equipo: bastó con la calidad de la cantera azulgrana. En este fútbol cada vez más globalizado, si es que se puede llegar ya a un grado superior de globalización, es paradójicamente más importante gozar de los mecanismos que te permitan tener una buena cantera. Apostar por los canteranos no es una visión romántica, sino lógica: a medida que se amplia el mercado hay más donde elegir y la selección se hace a menudo con poca cabeza, obviando en ocasiones de qué forma tal jugador foráneo se adaptará al estilo de juego pretendido, o como será su inmersión cultural o lingüística, o como se llevará con sus compañeros.


Precisamente venía ayer mismo por la tarde volviendo a casa cuando un compañero de Ecuador me preguntaba cuál era el verdadero problema del Real Madrid. Él (desolado en los últimos días porque su Liga Deportiva Universitaria de Quito perdió la ocasión de conseguir el campeonato de Liga el pasado fin de semana al caer ante el otro conjunto de la ciudad, el Deportivo Quito) se quedó asombrado cuando le dije que la raíz de todo el asunto, a mi entender, estaba en la mala gestión del primer equipo y en la poca importancia que se le estaba dando a la cantera. 





