
Entre todo lo bueno que se juega este fin de semana, podemos añadir un choque que trasciende el interés de lo puramente futbolístico. Palermo y Catania disputan un derbi siciliano que despierta pasiones a uno y otro lado de la isla. De entre las diferencias y el odio que sus aficiones puedan tener entre sí, no pueden negar que comparten un rasgo común: la pasión. Y por enicma de las rencillas, también compaten el orgullo de tener a dos equipos sicilianos en una Serie A dominada tradicionalmente por los equipos norteños.
En el plano extradeportivo, sobre el derbi aún planea la sombra de Filippo Raciti, asesinado el 2 de febrero del 2007 durante un derbi sicialiano en Catania. Para recordarlo y lanzar un mensaje contra la violencia, antes del partido diferentes organismos públicos de la isla han organizado una maratón que está recorriendo por etapas los 270 kilómetros que separan el estadio Angelo Massimino de Catania y el Renzo Barbera de Palermo, bajo el lema “Unidos contra la violencia”. En este sentido, otra medida más pragmática que se ha tomado es impedir la venta de entradas a los aficionados del Catania para evitar incidentes, la misma medida que se tomó en el partido de ida pero en aquella ocasión con los aficionados del Palermo.




