Minuto 74. 0-0 en el marcador. El Inter se mide ante uno de esos huesos duros de roer que, sin embargo, atraviesa por horas bajas, la Juventus. El Giuseppe Meazza aburrido, confuso, esperando lo inesperado. Como el que llega puntual a la cita y ve que el otro se retrasa. La Serie A en juego. Su equipo perdió el liderato la semana anterior en beneficio de la Roma de Ranieri, el, precisamente, ex técnico juventino. Cuando cualquier aficionado de alguna esquina del estadio se encendía su enésimo cigarrillo en señal de hastío y en busca de cualquier distracción visto lo visto sobre el tapete verde, apareció Maicon. Su fogonazo encendió la mecha del Inter, que quizá con la cabeza más puesta en el partidazo del martes, había convertido un aparentemente partidazo en un manual de triste monotonía. Como el que escucha cien veces la misma canción y le acaba resultando repetitiva.
Pero ahí emergió Maicon para cambiar la melodía, añadirle nueva letra y crear uno de esos estribillos para enmarcar. De su diestra se forjó uno de esos hits a los que cada vez que le das al play descubres nuevas sensaciones. Un zapatazo, previo sombrerito, que despertó San Siro y al Inter y acostó el frotamiento de manos de la Roma, que este domingo se enfrenta en el derbi capitalino a la Lazio en busca de un liderato que tras el triunfo ante la Juve vuelve a ser neroazzurri. Y ello, a pesar de contar todo el segundo tiempo con un futbolista más debido a la expulsión del ex valencianista Sissoko en las postrimerías del primer acto por una violenta entrada sobre Zanetti. Al rival del Barcelona la próxima semana en Champions, que contará, dicho sea de paso, con un día más que los culés para preparar la eliminatoria, le costó lo suyo, pero se hizo con un triunfo que certificó Eto’o con el tiempo cumplido.



La ida de los cuartos de final de la Champions League tuvo marcado acento argentino en las eliminatorias entre Olympique de Lyon y Girondins de Burdeos (3-1) e Inter-
Esta noche, a partir de las 20.45, será momento de dejar de pensar. Aunque sólo sean un par de horas, aunque sólo sean noventa minutos. El Emirates Stadium será testigo de uno de esos encuentros que invitan al optimismo, a las ganas de evadirse durante un ratito de todo y todos y vivir el fútbol en todo su esplendor. Arsenal y Barcelona, dos instituciones unidas por su buen gusto a la hora tocar –perdón, acariciar— el balón, limarán asperezas en la ida de los cuartos de final de la Champions League. Bajo el cielo de Londres, tres cuestiones que marcarán el devenir del primer enfrentamiento de esta gran eliminatoria:



