
Mi compañero Juan Baeza y yo ofreceremos dos visiones sobre el derbi sevillano: uno bajo el enfoque sevillista y otro bajo la perspectiva bética. A continuación, este post refleja las vivencias del derbi desde el punto de vista de un bético.
Todo va bien si acaba bien, y el derbi de hoy, como si fuera la Divina Comedia de Dante ha empezado mal pero ha acabado inmejorable desde la perspectiva bética. El hecho de que haya sido Oliveira, la gran esperanza verdiblanca, el fichaje de campanillas del mercado invernal el que haya desequilibrado el marcador al final, pone el lazo a una victoria en terreno del eterno adversario que se resistía desde hacía años, desde aquel 0-3 de los Alfonso, Alexis y compañía.
Al comienzo del partido, envidia sana por el ambiente que se vivía en el Pizjuán. Preciosa la gran pancarta con Morfeo, preciosa la entonación del himno del centenario sevillista. Pero optimismo porque los jugadores del Betis no parecían dispuestos a amilanarse por ello: se les veía tranquilos y, algo raro en otros partidos a lo largo de esta temporada, con un plan definido para el partido: dedicarse a defender, buscar la contra y aprovechar el presumible bajón físico de un rival que había sufrido un desgaste importante en la eliminatoria copera.


Al fin las 




