
Maradona es una especie de estrella inmune a todo, su brillo no se funde ante nada y sus peticiones siempre tienen que ser consideradas. Ese fulgor se pone ahora a prueba, porque él solito se ha puesto en la línea de fuego, a pocos pasos del éxito pero también a pocos del fracaso. Es lo que conlleva dirigir a una selección condenada a estar siempre arriba y continuamente expuesta al análisis pasional de sus seguidores. Maradona quería ser seleccionador y lo ha conseguido, a pesar de que ha dirigido en su vida sólo 23 encuentros, a pesar de que su paso por Mandiyú y Racing se saldó con más penas que glorias, por mucho que lograra ganar con la Acadé en la Bombonera, donde los de Avellaneda no cantaban victoria desde hacía 20 años. Una frase del paraguayo Guido Alvarenga, que estuvo bajos las órdenes de Diego en el Mandiyú dice mucho de cómo era su sistema de trabajo: “No sé si con Maradona entrenamos, ¡pero comemos unos asados!”
Maradona se ha convertido en seleccionador, a pesar también de que Bianchi e incluso el Checho Batista gozaban de más apoyo popular en todas las encuestas… Pero el capo Julio Grondona, el mandamás de la AFA desde tiempos inmemoriales, el que ha hecho de Argentina una máquina de jugar amistosos y sumar dólares, sabe mucho de esto para jugársela todo a una carta. Era obvio que la petición de Maradona era difícil de rechazar, más que nada porque su ilusión contrasta con la figura de Bianchi, un hombre que hasta en tres ocasiones rechazó dirigir al combinado nacional, sin embargo Grondona es muy consciente que no le puede dar las riendas a un neófito en los banquillos, por mucho que haya sido el crack entre los cracks… De ahí a Carlos Salvador Bilardo.




