Si a los atléticos les hubiesen dicho, a finales de agosto, que cuando su equipo visitara Chipre para medirse a la cenicienta del grupo iba a estar ya eliminado, probablemente ni hubiesen visto el sorteo. Claro que el debilucho Apoel Nicosia estrenó esta edición sacando un empate sin goles en el Vicente Calderón (su único punto hasta el momento), en un partido que sirvió de preludio a la actual situación rojiblanca. No pedirán ahora que los hinchas colchoneros sufran por un encuentro que, como mucho, puede auparles a seguir un camino menor por el que filtrar nuevas esperanzas. Qué contradicciones. ¿Acaso sería la European League un premio? Económico, puede. Pero de ninguna otra naturaleza, pues estoy convencido de que este equipo necesita centrarse ya —a estas bajuras— únicamente en la Liga.
Pero el fútbol tiene citas ineludibles, y ésta, oferta lecturas varias. Una, si el Atlético fuese esta noche capaz de armar ese disparo que le hizo diferente —no cuentan los seis al Marbella—, puede que recobre mínimamente la confianza perdida. Dos, si sale derrotado del GSP la preocupación tomaría un nivel de gravedad elevado, por más que no sea en Europa donde este Atleti tenga que curar sus males caseros. Y tres, si algún jugador importante cae lesionado la afición se acordará más de este partido que de cualquier otro, aunque Quique se ve, en parte, obligado a sacar la artillería pesada para retomar la senda olvidada del triunfo. Por supuesto, caben muchas más lecciones posibles, pero la obligación es ganar para volver a ganar, que el domingo espera un encuentro de suma importancia ante el Español.


