“¿Quieres saber por qué el fútbol es el mejor deporte? Porque lo único que se necesita es una pelota y un espacio abierto. No hace falta un equipamiento lujoso, no hace falta ser grande, fuerte o alto. Es el más demócrata de los deportes, el deporte del pueblo, el deporte de tu gente. Y el deporte de América en el futuro”.
Es una frase del filme El partido de sus vidas (The game of their lives) (2005), que vi ayer y que recomiendo a todos. De los mismos creadores de una de mis películas predilectas, Hoosiers, trata sobre la selección de Estados Unidos que fue capaz de vencer a Inglaterra en el Mundial de Brasil de 1950.
Pese a la dramatización y algunas inexactitudes históricas, es una película recomendable para todo aficionado al fútbol. Se centra sobre todo en el grupo de jugadores que procedía de St. Louis, ciudad que aportaba hasta seis jugadores al equipo, la mayoría de origen italiano. Sigue su periplo desde su reclutamiento con el equipo nacional hasta el histórico partido ante los ingleses, una de las campanadas más sonadas de la historia de los Mundiales. Como la historia es bien conocida, aunque en algunos casos con más dosis de mito que de realidad, prefiero centrarme aquí en comentar el filme.



