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Clausura

A ritmo de Tango: Los Ramones, campeones del Clausura

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Grande Ramón

Muchos decían, cuando triunfaba en River, que Ramón sólo podría ganar en Núñez, porque siempre le armaban equipos campeones. Ramón en el Millo hizo mucho, le dio entre otras cosas una de sus dos Libertadores. Desde su salida, jamás había vuelto a dirigir en Argentina. Y, por sorpresa para muchos, su vuelta se dio en el inicio de este Clausura. El Pelado cogía el timón de un desahuciado San Lorenzo, uno de los cinco grandes, que en los últimos torneos a penas daba la talla. De hecho, nadie olvida la última jornada del Apertura, cuando el debil Quilmes se imponía 2-4 en el Nuevo Gasómetro y la gente estallaba en cólera, dejando la cabeza del presidente Savino en una asesina gillotina.

En esas se confío en Ramón. A él no le dieron nada. Lo pidió. Habló con Lavezzi, uno de los jugadores bandera del equipo, delantero rápido, habilidoso, jugador de selección. Le pidió que se quedara, que no marchara a River. Rescató al Lobo Ledesma de Argentinos y pidió insistentemente a la Gata Fernández, que no contaba para River, a pesar que desde la dirigencia le ofrecían la posibilidad de fichar a Romagnoli, mediapñunta del Sporting de Lisboa e ídolo cuervo. Se negó. Sólo le valía la Gata. Y lo consiguió, no sin antes pelear hasta lo imposible con los de Núñez, que se negaban a soltarlo si en Boedo no les daban a Lavezzi.

Los riesgos que fue tomando Ramón fueron a más. Bajo palos le dio la titularidad a Orión, dejando en el banco a todo un mito como Saja. La jugada le volvió a salir bien. Los resultados comenzaron a llegar. El tridente arriba que formaban Lavezzi, Fernández y Silvera daba réditos. Y cuando no había tridente por el motivo que fuese, la máquina seguía carburando, siempre dirigida por el genial Ledesma, enorme su Clausura, posiblemente uno de los grandes responsables del campeonato. De esa forma, el bueno de Ramón Díaz cogió un equipo hundido y con a penas dos retoques le insufló espíritu ganador. San Lorenzo no tardó en coger la punta. Entonces Díaz habló de ir piano a piano. Y así se derrotó 0-3 a Boca, reivindicando la clásica paternidad ante el Xeneize, pisoteada en el Apertura por el tremendo 1-7 que los bosteros cosecharon en el Bajo Flores.

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A ritmo de Tango: San Lorenzo, otro pasito más gracias a Racing

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Sava grita gol En la Bombonera Boca y Racing dieron ayer un auténtico espectáculo. La Academia está mejorando y se nota con el buen papel que hizo ayer al otro lado del Riachuelo, en Buenos Aires, amargando lo que se antojaba como una semana perfecta para el Xeneize, después de certificar el pase para octavos de la Libertadores pasando por encima de Bolivar en Liniers. Racing jugó de tú al local y le empezó pintando la cara con un golazo de Bergessio, que está enrachado. Sin duda, en el primer tiempo los de Avellaneda fueron mejores, pero en la segunda parte, alentado por su gente, increíble como late el estadio bostero, y con unos minutos mágicos de Riquelme y Palermo, Boca le dio la vuelta, con dos tantos de éste último, el segundo de penalti. El Loco demostró ser valiente, no temer bailar con el ridículo. En el ocaso del primer tiempo Campagnuolo le tapó una pena máxima, pero no le temblaron las piernas para volver a tirar. Y marcó. La gloria, para los que se la juegan.

Sigue mojando el de La Plata y se consolida en el Pichichi, en plena forma, pidiendo a gritos su renovación. La Doce vribaba, mundo Boca vibraba… Los de Russo hacían un gran fútbol, pero el técnico más que matar optó por nadar y guardar la ropa, dejó vivo a Racing y la Acadé le plantó el empate de penalti por mediación del Colorado Sava, certificando otro puntito más para los albicelestes, que poco a poco quieren alejarse del descenso.

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