
No son pocos los que piensan que el cambio de timón que realizó el Sporting de Gijón el día que decidió prescindir de Manolo Preciado fue un error. Sobre todo, por el nombre del sustituto, Javier Clemente. El entrenador, experimentado como pocos, tenía la misión de evitar un descenso que en la actualidad se encuentra más lejos de lo que estaba cuando llegó. Pero el nuevo preparador sportinguista no sólo no ha conectado con la afición ni la prensa, sino que además, y lo primordial, ha empeorado la situación en la clasificación de los asturianos, a siete puntos de la salvación.
Lo cierto es que la plantilla no es, seguramente, de las más vistosas que ha tenido el Sporting desde que regresó a Primera hace cuatro años, pero el ambiente enrarecido de los últimos días ha logrado que la tensión crezca por momentos en el seno gijonés. Las últimas declaraciones de Clemente, en las que apuntaba que la plantilla «estaba mal confeccionada», no agradaron a sus integrantes, que se reunieron con el entrenador para aclarar el tema. El miércoles, después de ganar al Levante (3-2) en un duelo tan vibrante como tenso, matizó que sus jugadores «le echan huevos».


Samuel Eto’o es el mejor jugador africano del último cuarto de siglo, muy por encima de George Weah o Didier Drogba. Es más, desde mi punto de vista (y mi limitada edad) sólo su compatriota Roger Milla está por encima de él. A nivel de clubes lo ha ganado todo y ostenta un récord increíble: es el único jugador que ha logrado dos tripletes en dos años consecutivos con dos clubes diferentes —Liga, Copa y Champions con el Barça en 2009 y con el Inter en 2010—. Pero conociendo su carácter, se me antoja muy posible que se retire con una espina clavada que siempre llevará consigo: la decadencia que ha vivido la Selección de Camerún en la última década, coincidiendo con sus mejores años de fútbol.

Al final el premio (?) de contar con los servicios de Javier Clemente
Al final sólo les ha faltado besarse. 


