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El Colombino pide a gritos el adiós de Javi López

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Javi López¡Javi, vete ya! era el grito unánime de todo el estadio. Y eso que en el Colombino esperaban una buena tarde del Recre, pero la grada acabó pidiendo la destitución de Javi López después de un pésimo partido por parte del conjunto albiazul, que perdió 0-2 con el Salamanca. Partido nefasto en todos los sentidos. Empezando por el planteamiento del técnico, que se empeña en colocar a Barrales en punta aun teniendo en el banquillo a Colunga, Fornaroli y Pablo Sánchez, y, por tanto, privando a su equipo de la velocidad en ataque. Debe ser cierto eso de que no es fácil ser entrenador, pues para ello debe aprender uno a complicarse la vida.

El Recre no jugó a nada y recibió su castigo. El árbitro contribuyó con su granito de arena, pitándole un penalti en contra y expulsando a Iago Bouzón, ambos actos muy polémicos y protestadísimos por la grada. Pero claro, cuando un equipo recibe su castigo por no jugar a nada, uno ni se acuerda del trencilla. Los presentes acabaron de espaldas al césped y de cara al palco, como pidiendo explicaciones a la directiva. Y cierto es que el Recre ha perdido la mitad de sus encuentros, siete de catorce; algo inadmisible para un equipo que habla del ascenso.

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Una reflexión sobre los estadios españoles

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Vicente Calderón

Decir que un Club es su estadio puede sonar demasiado sentencioso, aunque no por ello creo que sea menos cierto. Si entendemos a un equipo de fútbol como un punto de unión sentimental de miles, cientos de miles o millones de hinchas, identificados con unos colores y un escudo, con una forma de entender el deporte, con una vía de escape para obtener pequeños instantes de felicidad a cambio de eterna lealtad… Si entendemos, en definitiva, a un equipo de fútbol como un símbolo de pertenencia, es obvio, que los estadios de los clubes acaban moldeando la idiosincrasia de esos equipos y sus gentes, que no sólo se sienten representadas por el escudo, sino por el campo donde sufren y disfrutan, por el barrio donde preparan encuentros y celebran triunfos.

Hay equipos que no son nada sin sus barrios, conjuntos, como por ejemplo, San Lorenzo en Argentina, que, casi 30 años después de haber sido echado de Boedo, todavía siguen identificándose con su lugar de procedencia. En España tenemos el caso significativo del Espanyol, totalmente ligado a Sarría y ahora con una cierta sensación de desamparo, esperemos que aliviada con la mudanza a su nuevo estadio. Pero no es el único ejemplo. Es triste ver como en nuestro país se está extendiendo la mala costumbre de sacar los campos de las ciudades y llevarlos a las afueras. El Insular de Las Palmas, el Luis Sitjar de Mallorca, el Colombino de Huelva… Hay una clara tendencia de aislar el fútbol en las periferias y aprovechar los céntricos terrenos de esos vetustos estadios para conseguir recalificaciones millonarias. Y eso da pena.

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