
Guillermo Barros Schelotto está escribiendo un precioso epílogo a su carrera futbolística. El Mellizo, el jugador que más títulos ha ganado con Boca, el último gran ídolo xeneize, se fue de La Bombonera en la primavera de 2007 a vivir la aventura americana de la MLS. Muchos creían que emigraba a Norteamérica para engrosar sus bolsillos, nadie pensaba que su estrella volviera a brillar. Pero Guillermo ha resurgido, demostrando que, por mucho que dijera Basile, el técnico que comenzó a condenarle al ostracismo en Boca, sus botas siguen generando fútbol del auténtico.
El mítico jugador platense jugaba ayer domingo con el Columbus Crew la final de la MLS ante el Red Bull Nueva York de Juan Pablo Ángel, ex River. Schelotto dio una exhibición, evidenció en el campo que los que llevan el fútbol en la sangre nunca lo pierden, sacó su lado potrero, el de jugador de barrio que sale ileso de mil y un lances, el que gambetea, pisa el cuero y da pases de vértigo… Su lucimiento fue total, dio los tres goles, el tercero en el tramo final, cuando el Red Bull acosaba para lograr el empate, inventándose un globito delicioso que le sirvió en bandeja a Hejduk, para que el capitán hiciera el tanto de la victoria. El Columbus Crew ganó 3-1 y Schelotto fue nombrado, obviamente, jugador de la final.




