¡Javi, vete ya! era el grito unánime de todo el estadio. Y eso que en el Colombino esperaban una buena tarde del Recre, pero la grada acabó pidiendo la destitución de Javi López después de un pésimo partido por parte del conjunto albiazul, que perdió 0-2 con el Salamanca. Partido nefasto en todos los sentidos. Empezando por el planteamiento del técnico, que se empeña en colocar a Barrales en punta aun teniendo en el banquillo a Colunga, Fornaroli y Pablo Sánchez, y, por tanto, privando a su equipo de la velocidad en ataque. Debe ser cierto eso de que no es fácil ser entrenador, pues para ello debe aprender uno a complicarse la vida.
El Recre no jugó a nada y recibió su castigo. El árbitro contribuyó con su granito de arena, pitándole un penalti en contra y expulsando a Iago Bouzón, ambos actos muy polémicos y protestadísimos por la grada. Pero claro, cuando un equipo recibe su castigo por no jugar a nada, uno ni se acuerda del trencilla. Los presentes acabaron de espaldas al césped y de cara al palco, como pidiendo explicaciones a la directiva. Y cierto es que el Recre ha perdido la mitad de sus encuentros, siete de catorce; algo inadmisible para un equipo que habla del ascenso.

Es propio que un aficionado acuda al estadio para ver ganar a su equipo. No lo es tanto que cuando acude al estadio y su equipo gana dos a cero, se marche acordándose de lo mal que ha jugado. Y como el fútbol no es lógico, el Recre llegaba al duelo con el Huesca tras perder dos partidos en los que hizo un fútbol de altura, y en éste, que el buen juego le fue esquivo, el fútbol se mostró de su lado para recompensarle. Para compensar. Todo habla en favor de la afición del Recre, una grada exigente al máximo con sus jugadores, pero justa y agradecida como la que más.

