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Aún a sabiendas de que la gente me cogerá manía por insistir en esta guerra perdida en la que nadie sabe por donde van los tiros, o sí, quizás sí, no puedo evitar hacer la cuarta entrega de las distintas varas de medir que aplica el Comité de Competición, dirigido por ese gran inepto llamado Alfredo Flórez. Este hombre ha hecho del criterio un término arbitrario repleto de lagunas en la que las interpretaciones fluctúan de forma asombrosa. Por lo general, en los últimos años hemos visto que se sanciona la puntería y, en segundo término, el daño que se provoca a un jugador cuando un objeto impacta en él desde la grada. Con el último fallo de Competición en torno a la pedrada recibida por Pellegrini y al mecherazo a Kaká, se ratifica esta teoría, personal y, obviamente, transferible.
Pero vayamos a los datos. El estadio del Betis ha sido cerrado dos veces en los últimos tres años por el impacto y derribo de objetos sobre Juande Ramos y Armando. Soy partidario de que nunca todos deben de pagar por un mamarracho insensato. Pero el campo del Betis se cerró. En esos tres años han pasado muchas cosas. A Casillas le llovieron todo tipo de objetos, navajas incluidas, en San Mamés, a Lillo en Anoeta un propio seguidor realista le abrió una brecha con un botellazo. Son dos ejemplos, pero se me viene muchas imágenes a la cabeza cochinillos y JB en el Campo Nou, un insensato dando un puñetazo por la espalda a Pepe Reina en el Bernabéu, o una botella de Ballantines sobrevolando la cabeza de Andrés Palop en el Calderón. Afortunadamente el vidrio no impactó en la cabeza del meta valenciano, pero sí recibió un latazo de Mahou… Cortesía de un imbécil. En ninguno de esos casos hubo cierre de estadio, en ninguno. Pero al Betis sí le cerraron el campo hasta en dos ocasiones. ¿Me da alguien una respuesta sensata más allá de los colores de su equipo?
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