
Cuando a menudo nos referimos al fútbol o al deporte en general como analgésico, como sedante para olvidar nustros problemas diarios, habría que hacerlo como algo positivo; y es que si el fútbol tiene que ser algo más que deporte, bien está que sirva como distracción que como auténtico reflejo de las convulsiones y la violencia contenida en un país. Y esto último es lo que ha sucedido hoy en la provincia de Kivu Norte, en la República Democrática del Congo.
Las noticias que han trascendido hoy son terribles: en el derbi local entre el Socozaki y el Nyuki System, un altercado ha derivado en una serie de disturbios y estampidas que se han saldado con trece muertos, gran partes de ellos niños, y 35 heridos. Esta noticia, de por sí triste e indignante, se torna surrealista cuando al parecer el inicio de los enfrentamientos los provocó el portero del Nyuki System que, con su equipo por debajo en el marcador, realizó “brujería” a la porteria rival. Esto provocó el enfrentamiento violento entre los jugadores de ambos equipos y la posterior intervención de la policía, con disparos al aire incluídos, no hizo sino acrecentar el movimiento en las gradas. Los disturbios se hicieron incontrolables dentro y fuera del campo y el resultado ha sido una tragedia.



