
Tras deshojar la margarita, ayer se supo, al fin, dónde y cuándo se disputará la final de la Copa del Rey. Será en el Vicente Calderón y el próximo 25 de mayo. También se confirmó cómo se esfuerza la Federación por maltratar un torneo ya de por sí vilipendiado: comenzando por el escaso atractivo del sistema de competición y siguiendo por la improvisación, barra, chapuza, que han llevado a cabo para elección del día y la sede que albergará la gran final entre Barcelona y Athletic Club.
El Calderón no convence a ninguno de los dos contendientes. La prioridad, por aforo y ‘cercanía’, era el Bernabéu. A ninguno se les ha escuchado y si ha sido así, lo han hecho como quien oye llover. Tanto a los culés como a los leones les interesaba disputarse la Copa en un escenario con gran capacidad que podría haber aunado más aficionados de ambos equipos. Además, el Athletic, tras el ‘no’ del Madrid por las obras en los lavabos de su estadio, no estaba por la labor de pisar la capital.







