
Francisco Bolognesi fue un militar peruano que pasó a la historia marcial por sus arrestos, por su valentía a la hora de medirse al rival en el campo de batalla. En 1880 murió en la guerra del Pacífico que enfrentaba a Chile con su amada patria, Perú. Lo hizo de forma heroica, peleando en inferioridad de condiciones sin aceptar los pactos de armisticio que le ofrecía el enemigo, defendiendo unas tierras que mucho tiempo después le rinden pleitesía, al menos las que quedaron en dominio peruano. Su carisma era tal que incluso los generales chilenos se entristecieron por la desaparición de tan digno adversario. Una de sus frases ha pasado a la historia del imaginario colectivo peruano.“Tengo deberes sagrados que cumplir y los cumpliré hasta quemar el último cartucho”, llegó a decir cuando le pedían que izara la bandera blanca. Y así lo hizo, muriendo con las botas puestas, bayoneta en mano, defendiendo su verdad, que como todas las verdades, era relativa. En cambio, no quemó el último cartucho. Eso ocurrió este fin de semana.
Bolognesi se convirtió en un mito en Perú y los homenajes que su pueblo le ha brindado han sido múltiples hasta nuestros días. Pero si en algún sitio hizo mella su impávida personalidad fue en Tecna, región del Sur del Perú por la que Bolognesi derramó su sangre. Por eso, entre otros muchos reconocimientos, no es de extrañar que un grupo de jóvenes soñadores fundaran en 1929, justo el año que se firmaba el Tratado de Lima que cerraba por fin la larga contienda por la que falleció el coronel, un club de balompié con el nombre del gran militar. Fueron esos los primeros pasos del Coronel Bolognesi Fútbol Club, un equipo humilde que este fin de semana ha logrado una auténtica gesta, proclamándose campeón del Torneo Clausura peruano, lo que le permitirá participar en la Copa Libertadores, un hito que sólo puede ser tachado de proeza histórica. Efectivamente, el Coronel Bolognesi quemó su último cartucho, pero mucho después de cerrar los ojos para siempre.



