
Le dicen gordo, le insultan en todos los estadios, últimamente en cada campo que visita le espera una pancarta que se mete con su cuerpo… Lejos de preocuparle, Cristhian Fabbiani sonríe porque sabe que todos esos desprecios los desata su fútbol de fábula, que no entiende de estéticas ni aspectos. Puede que la figura de este delantero de 189 centímetros y más de 100 kilos de peso no sea la de un futbolista típico, pero este joven atacante que creció en Lanús, fue uno de los líderes del CFR Cluj en la anterior campaña, marcando once goles fundamentales para que el conjunto de Transilvania se hiciera con la liga rumana, coronándose él como mejor jugador extranjero. Este verano decidió volver a casa mediante una cesión por un año, la liga argentina ganó caché con su llegada a Newell´s y el ogro, llamado así por su carácter irascible dentro del campo, no ha decepcionado.
Fabbiani es un jugador excepcional en todo el sentido de la palabra, porque se sale de lo común. Pocas veces un pelotero de envergadura y con una complexión poco atlética podrá lograr desequilibrar a sus pares con similar calidad. Cuando pisa un terreno de juego parece que está en el barrio, con aire potrero, disfrutando y haciendo disfrutar, exhibiéndose, aprovechando su cuerpo para guardar el balón y sacarlo en el momento menos esperado, pinchando balones del cielo por encima de los defensas, haciendo sombreros, echándose a la banda para abrir espacios, rematando de zurda o diestra con igual certeza, ejecutando faltas con maestría, realizando rabonas imposibles… Es un futbolista realmente bueno, con un aire al Kiko de los mejores tiempos, que con 25 años merece una oportunidad en una gran liga y en la selección nacional.



