
El barcelonismo ya puede respirar tranquilo. O no, porque la oscuridad sigue acechando a la vuelta de la esquina y a esta semana aún le quedan dos partidos. En cualquier momento puede volver a verse rodeado de sombras y sucumbir como víctima de su propia grandeza. No hace falta mucho para que el FC Barcelona caiga en la peor de las miserias; basta cualquier nimiedad circunstancial, yo qué sé, un empate por ejemplo. Ya no digamos si se vuelven a encadenar dos igualadas seguidas…
Que nadie se relaje en Can Barça; otros dos empates supondrían la ruina total: entonces Guardiola no podrá repetir el adverbio “muy” en rueda de prensa, Xavi se tendrá que acostumbrar a quedarse en un mísero 89% de acierto en pases, Tito Vilanova se volverá loco y le romperá el índice a millones de españoles con un solo ojo, Leo Messi, el argentino del Barça, perderá su olfato goleador y se convertirá en Lionel Messi, el barcelonista de Argentina, la hierba del Camp Nou se secará y será imposible de recortar, Shakira se hará del Madrid y hasta puede que Laporta deje de engordar y vuelva a caber en un asiento del palco.







El viernes publicó un artículo El País titulado “

