
18 de noviembre de 2007. Un gol en el minuto 90 del israelí Dorel Golan en el Ramat Gan Stadium daba la victoria a su selección ante Rusia por 2-1, lo que combinado con una derrota de Croacia en Macedonia por 2-0, dejaba para Inglaterra la opción de clasificación para la Eurocopa del pasado verano en sus propias manos, o pies.
Cuatro días más tarde, en un atestado Wembley, los pross necesitaban únicamente un empate para visitar Austria y Suiza. Lo ocurrido aquella noche, lo recordamos todos: desastre británico y Croacia a la Euro 2008.
Bien, pues mañana ambos equipos vuelven a enfrentarse, esta vez en Zagreb, en la segunda jornada de las eliminatorias clasificatorias para el Mundial de Sudáfrica 2010. En un fútbol de consumo como el actual, reconforta leer a un futbolista que recuerda un partido jugado hace casi un año y que, sin llegar a la beligerencia verbal, pide revancha. Es, cómo no, un tipo atípico y auténtico, John Terry. El capitán inglés parece recuperado de la tragedia de final de Moscú y tiene ganas de seguir compitiendo. Ha declarado en la previa que entre su equipo y Croacia “hay asuntos inacabados” y que “nos deben una”.


Tan sólo tres enfrentamientos aparecen en el camino de dos selecciones que no pertenecen sin duda a la más rancia estirpe de las europea. La juventud de Croacia, constituida como selección en 1990 tras su desmembramiento de la antigüa Yugoslavia y la nimia importancia del fútbol turco hasta principios de los noventa, hacen difícil bucear en la búsqueda de antecedentes históricos entre ambas selecciones.
En cualquier otra selección o a lo mejor con cualquier otro entrenador, 

