
Cuando pasen los años Daniel Sánchez Llibre no debe ser recordado por ser el presidente que llevo a los periquitos con su gestión a ganar dos copas y llegar a una final de la UEFA… A Sánchez Llibre habrá que atribuirle, sobre todo, el mérito de haber conseguido dotar al Espanyol de una nueva casa propia y en cierto modo de haber logrado que los blanquiazules hayan recuperado el orgullo perdido, dando consistencia a unas estructuras que cuando el llegó apenas lograban sostenerse.
Sánchez Llibre cogió un Espanyol en crisis en 1997, no le tembló el pulso a la hora de vender el gran activo del club, Sarriá, y en poco más de diez años ha conseguido dotar a la entidad de una ciudad deportiva y un moderno estadio, el Nuevo Sarriá, que en pocos meses será inaugurado. El Espanyol es hoy mucho más fuerte que hace diez años en el plano estructural, con una gestión modélica de su presidente que por fin ha podido sacar a su gente de Montjuic, un complejo no concebido para jugar al fútbol.



