
Hace prácticamente cuatro meses, analicé la situación del Celta de Vigo cuando apenas se habían disputado siete jornadas de la Liga Adelante. Por aquel entonces me atreví a presagiar que este año el Celta iba muy en serio, presentando una serie de argumentos que dejaban atrás la incapacidad de personajes como Stoichkov o López Caro, o la falta de experiencia de Eusebio. La llegada de Paco Herrera al banquillo celeste ha supuesto una apuesta de lo más acertado: la experiencia que trajo de su etapa en el Villarreal B le ha servido para montar un equipo cuya base es la cantera.
He aquí las dos claves de este Celta: un técnico que sabe lo que es la Segunda División española, con conocimientos y buen gusto por el fútbol, y un equipo que está fabricado desde abajo, con un buen número de jugadores gallegos y/o canteranos. Este lunes se les presentó un partido clave para delimitar sus aspiraciones, ya que la visita del Numancia podía darnos la medida real del equipo vigués. En el primer cuarto de hora los numantinos le dieron dos grandes sustos a Falcón, estrellando sendos disparos en la madera. Sin embargo, el veterano De Lucas aprovechó un momento de confusión para romper por la banda derecha y poner un centro al primer palo que David Rodríguez embocó a puerta después de realizar un desmarque del segundo al primer poste que se debe medir en quilates.



En este loco mundo del fútbol siempre hay circunstancias que se repiten, que por uno u otro motivo al final acaban por suceder. Que uno de los cuatros equipos llegados a Segunda descienda en tan sólo un año o

