
Le viene de lejos aquello de El Pupas. Un paseo por el infierno, fatalidades varias, desconciertos y partidos perdidos contra todo pronóstico llevaron a aquel niño a preguntarle a su padre por qué eran del Atleti, plasmado por Sabina en melodía y la consigna qué manera de sufrir. Sin embargo, si algo caracterizó siempre al Atlético de Madrid fue esa capacidad para afrontar la adversidad, sobreponerse y rebelarse contra aquello que se oponía a su felicidad. Cuando llegaba por fin el triunfo, éste veía duplicado su valor a sabiendas de que quizá tardaría tiempo en saborear de nuevo el éxito, pero sobre todo, porque el aficionado sabía que el triunfo de su equipo era también el suyo propio. Por eso Sabina continuaba en la siguiente estrofa con qué manera de gozar. Sin embargo, el ánimo del hincha rojiblanco está hoy minado, preso por el errático rumbo que sigue el club, sin ganas de protestar y caído en la resignación, previo paso a la indiferencia.
Nunca un derbi ante el Real Madrid se vivió con tanta desdicha y tan poca intención de echar por tierra las intenciones de Los Vikingos, rivales por antonomasia. Lo que antaño convertía el césped en un campo de batalla, plasmado por duelos como el de Buyo y Futre, se convierte hoy en una balsa de aceite donde plácidamente navega el Real Madrid ante la impotencia del vecino del Manzanares, náufrago en un río de aguas revueltas. Se ve en un técnico que aboga por convertir el partido en un muro defensivo sin ballestas en las almenas. O en un presidente que, al ser cuestionado por la mala racha atlética en los derbis, se conforma con recordar que el Madrid ha perdido más que ganado con el Barcelona en los últimos tiempos. Se ve en una afición que sabe que el Madrid se ha escapado demasiado lejos como para seguirle el paso.

Es como una ley no escrita de los derbis el hecho que éstos acojan momentos para la historia que toman más importancia en estos partidos por ser lo que son. Empezar diciendo que el Barça me volvió a resultar aburrido, ya que a pesar de tener anotadas todas las jugadas de peligro de ambos equipos en mi cabeza no quedaron registradas más que dos, además de la jugada del gol. El penalti ofrece muchas dudas desde todos los ángulos, y son de las faltas que si el que se cae es Javi Márquez y el infractor es Puyol no se pitan. Sin embargo la victoria, llegara por el medio que llegara, fue justa para el conjunto azulgrana si revisamos los argumentos futbolísticos del Espanyol, reducidos a quedarse encerrado en su propio campo para recuperar el esférico y rifarlo con un despeje largo en busca de la cabeza de Iván Alonso o Callejón. 




¿Dónde está el límite? Ésa es la pregunta que circula en la mente de esa parte de Sevilla sevillista, que esta noche saca más pecho que nunca, porque su equipo se ha impuesto a su eternísimo rival por quinta vez en un cruce copero por sólo dos derrotas. El atípico miniderbi que se disputó esta noche en Getafe sorprendió a propios y extraños. A pesar de que era el Betis el que tenía que poner la carne en el asador para remontar la contienda, desde el principio se vio a un conjunto nervionense muy bien plantado atrás que llevaba el peso del choque y creaba ocasiones por doquier. El Sevilla no se quería andar con chiquitas y cuando los de Juande Ramos se ponen, se ponen.

