Pellegrini y Raúl: dos hombres de fútbol

Durante el último derbi madrileño hubo lanzamientos de objetos al campo. Como en otros muchos campos de Primera, el equipo de seguridad del Atlético y la Policía Nacional no lograron evitar que algunos energúmenos arrojaran cosas desde la grada. Indudablemente es harto difícil controlar a miles de personas, sobre todo cuando entre ellas hay cobardes que aprovechan el anonimato que les da la masa para comportarse de manera violenta.
No hay temporada que no pase algo. Hace años en Riazor le cascaron un mecherazo a un árbitro, aún tenemos fresco el recuerdo del botellazo a Juande Ramos en el Ruiz de Lopera y cómo olvidar la cabeza de cerdo del Camp Nou. Este sábado no fueron pocas las cosas que se tiraron desde el graderío del Vicente Calderón y una de ellas, una piedra según se cree, impactó en el rostro de Manuel Pellegrini.
El Vicente Calderón volvió a convertirse ayer por unos minutos en un auténtica casa de locos. Y es que a punto estuvo el Atlético de arreglar en el último cuarto de hora el desastre que para entonces había formado, cuando perdía por cero a tres merced a sendas pájaras y al buen hacer colectivo del Madrid. Agüero, que saltó del banco en el descanso, armó una revolución que despertó el espíritu de su equipo, y el de la grada, y anduvo muy cerca de conseguir el empate. Hubiese sido injusto, pues el Madrid hizo sobrados méritos para quedarse con el triunfo, pese a que las arremetidas locales le pusieron contra las cuerdas. Pero ya se sabe, entre el balón y las cuerdas está Casillas, que logró salvar este discurso en el último instante.
El peor Atlético de Madrid de los últimos cuarenta años recibe mañana la visita del Real Madrid, su más acérrimo rival, el más temido por la parroquia colchonera. Suele escribirse justo antes de citas como la del Calderón que todo queda dispuesto para el envite, pero a este derbi casi nada llega en su sitio y, con más razón que nunca, se abren al juego algo más que tres puntos. En el Atleti, porque su mal arranque le obliga a llevarse un partido que hace diez años no gana, lo que le permitiría dar un pequeño salto en la tabla multiplicado por cien en su autoestima. En el Madrid, porque a pesar de que en la Liga anda muy bien situado, los tropiezos ante el Milan y, sobre todo, la debacle de Alcorcón necesitan de un golpe de autoridad que arrastren tales contratiempos al olvido. Pero todo es muy extraño. Más de lo habitual.

