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Las escaleras y la desesperación del pueblo

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ComottoCuando el seguidor deja de seguir, diga usted que muy mal anda la cosa. Es más, diga que peor va cuando el seguidor olvida cuánto le costó la entrada o el abono, y, sin más crisis que la de la fe, toma hacia abajo las mismas escaleras que apenas una hora antes subió un tanto ilusionado. Pero claro, no crean que siempre lleva razón aquél que sube para bajar antes de tiempo, que la paciencia en el fútbol dura unos tres silbidos y medio. A veces, la idea es no pillar atasco, y justo hay quien se apresura a bajar, aunque para entonces se haga, como la luz, la victoria. Mas no hablamos de esos casos.

No sé bien si compadecerme de quienes intento describirles o si criticar su actitud. El mal del fútbol de a pie es la impaciencia: la del grito grosero y temprano, la del insulto de siempre, la del silbido cansino, la de las manos frías y la boca caliente… La protesta es un derecho del socio, el seguidor y la persona libre. Pero, a menudo, también es el defecto de quien no se analiza a sí mismo. Aquel que busca en el campo liberarse de una mala vida acaba gritando a los cuatro vientos lo que calla contra su mujer, su suegra o su vecino. O bajando las escaleras antes de tiempo, en busca del bar de turno; del pijama y la comida, vamos.

Cómo criticar al ‘pobre’ trabajador que da dinero por ver fútbol: pues criticándolo, oiga. Que una cosa es que este deporte esté sobredimensionado, y otra es que el seguidor quede libre de reproches. Hay casos más que justificados, en los que una queja de viva voz a veces se tercia poco para lo que debiera ser. Pero la impaciencia acaba en desesperación mucho antes de que la esperanza pueda enviarle alguna señal al ánimo, y entonces el futuro se antoja negro.

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Laporta quiere seguir siendo Laporta

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directivos dimiten barna

Cuentan, y hablo de memoria, que Ramón Mendoza, a pesar de ser ya miembro de la junta directiva del Real Madrid con Santiago Bernabéu, entre sus conocidos les preguntaba con frecuencia qué era más importante para ellos, si ser alcalde de Madrid o presidente del Real Madrid. Por ese motivo, una vez que estuvo en el cargo, no fue capaz de entender cuándo debía abandonar el barco. Por eso acabaron sus días como presidente de la manera que terminaron, derrocado por dos de sus vicepresidentes, con Lorenzo Sanz a la cabeza. Mendoza nunca fue un gran gestor, la verdad es que era un comisionista que supo ganarse la vida en sus contactos con Rusia, y que supo estar preparado en el momento adecuado. Llegó, triunfó en su primer año como presidente, ganó cinco ligas y acabó saliendo por la puerta de atrás.

El circo es todo aquel espectáculo que se monta alrededor de este deporte, del balón y de los jugadores. Suele estar escenificado por los directivos de fútbol, y corresponde a las ansias de los mismos de tener poder y hacerse famosos. Joan Laporta siempre ha utilizado el FC Barcelona como escaparate publicitario para su carrera política, con la convicción de que nunca fracasaría como presidente. Cuando el personaje público pasa por encima de la persona, éste se endiosa de tal manera que no sabe ver los errores, ni entender que cuenta más una retirada a tiempo, que ir a pecho descubierto. Hoy, 8 de los miembros de su junta directiva, Albert Vicens, Ferran Soriano, Marc Ingla, Evarist Murtra, Toni Rovira, Xavier Cambra, Clàudia Vives Fierro y Josep Lluís Vilaseca (los tres primeros vicepresidentes), dimitieron como miembros de la junta directiva, y en decisiones individuales, tras comprobar que Joan Laporta era incapaz de comprender que su tiempo como presidente del FC Barcelona, tras los resultados de la moción de censura, había terminado.

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