
Aprovechando que durante estos días se está disputando la Copa del Rey de juveniles de División de Honor, quiero reivindicar un cambio de formato en la categoría, dado que el actual impide, bajo mi punto de vista, un desarrrollo pleno de esos chavales que en años posteriores están llamados a ser los representantes de nuestro fútbol. El actual modelo se rige de la siguiente forma: siete grupos de veinte equipos, de los cuales los dos primeros de cada grupo y dos terceros se meten en la Copa del Rey, quedando la Copa de Campeones reservada para los líderes de cada grupo y un mejor segundo. Es un modelo integrador, pues son muchísimos los conjuntos que abarca, pero denota una alarmante falta de competitividad. Es decir, no hay verdadera competición hasta que llegan los dos títulos a final de temporada, porque por lo general en cada grupo hay un importante desnivel entre los equipos de Primera y el resto.
De los 16 equipos que tiene cada grupo, hay tres o cuatro, en algunos casos menos, de importante entidad y el resto aporta bien poco. En esta categoría los mejores jugadores por lo general se concentran en los grandes clubes, de ahí a que las sorpresas sean muy difíciles. Todo ello implica que casi siempre pelean por el liderato los mismos y que la temporada se resuelve en los enfrentamientos directos de las dos o tres escuadras de referencia, resultando el resto de los partidos meros trámites. Que esto sea así, obviamente, acomoda a los canteranos de los clubes importantes, conscientes que de los 38 encuentros a disputar, al menos 30 ganarán con la gorra. En consecuencia, la competitividad se reduce, no vemos fútbol de nivel hasta la Copa de Campeones y la Copa del Rey y, lo que es peor, el crecimiento de los chavales, que se acomodan por el formato, se estanca levemente.



