
La Copa América no está decepcionando a nadie. Anoche tuvimos la oportunidad de ver una semifinal vibrante, intensa y con emoción hasta el final. Uruguay y Brasil no desentonaron en su clásico enfrentamiento y como viene siendo habitual en sus últimos cruces de la Copa América resolvieron su suerte en la tanda de penaltis. Se repitió la historia de 2004 y Brasil volvió a derrotar a los charrúas en semifinales desde los once metros. Uruguay tiene la negra en este capítulo porque de hecho perdió su billete para el pasado Mundial de Alemania ante Australia también desde los once metros. En aquella ocasión, en cambio, los Celestes no estuvieron muy finos, a diferencia de ayer, pues incluso merecieron ganar.
Como decíamos hace unos días, el dibujo de Dunga cobra cada vez más sentido. Con Baptista de enganche, por detrás de Robinho y Wagner Love, y dos centrocampistas, Mineiro y Josué, que se van arriba con facilidad, la selección canarinha comenzó exhibiendo un juego vertical que desconcertó a Uruguay. De esa forma los brasileños se comenzaron adelantando en el minuto 13 por mediación de Maicon, el lateral derecho del Inter que le quita el puesto a Daniel. Maicon cazó un rebote a remate de Mineiro y adelantó a los suyos, justo antes de que un foco de luz se fundiera y hubiera que paralizar el encuentro. Increíble que sucedan este tipo de cosas en un partido de máximo nivel. Uno de los pocos peros a la organización venezolana del torneo, que hasta ayer estaba siendo prácticamente inmaculada.

Una de las cosas que hacen que el fútbol sea tan especial es la ilusión. El sueño de miles de aficionados por el futuro de su equipo. Esa esperanza de llegar a hacer algo grande, de creer que se puede. Según la ciudad, esas ganas de triunfo varían. Ascender, mantenerse, jugar en Europa, ganar la liga… Todos quieren llegar a su meta. Pues bien, en Bérgamo, Italia, el sueño de la gente es ver el escudo del Atalanta en Europa.

