Un simple balón, de aparencia común, sin nada a simple vista que le haga resaltar sobre otro, puede multiplicar en una subasta su precio inicial por miles de euros, por el simple hecho de que haya sido tocado por David Beckham, o ‘jugado’ la final de un Mundial. Esto resulta impactante para la mayoría de la gente, no obstante siempre hay alguien al que presumiblemente le sobra demasiado dinero y muy respetablemente lo destina a este tipo de caprichos.
Un emir de Qatar ha pagado 1.800.000 euros por el balón con el que Francia e Italia disputaron la final del Mundial de Alemania 2006. Después de semejante gasto, que menos que la firma de todos los jugadores de la selección italiana en el esférico. “Estuve en la final y ese balón tiene un gran valor sentimental para mí”, declaraba Sheikh Mohamed como intentando justificar lo desmesurado de su acción.
Seguro también que muchos de vosotros recordais la historia del balón con el que Beckham falló el penalti que supuso la eliminación de Inglaterra en los cuartos de final de la Eurocopa 2004, frente a Portugal. Ese balón que el jugador británico mandó a la grada, fue recogido por un aficionado español, que lo sometió a subasta por Ebay y fue vendido por 28.000 euros.

Por si fueran pocos los problemas y quebraderos de cabeza que está sufriendo la FIFA y el Comité Organizador del Mundial con las entradas del Campeonato del Mundo, hoy mismo se le ha sumado otro. Y es que un tribunal de primera instancia de Frankfurt 

