
Jugar la Liga de Campeones desgasta, sobre todo si una plantilla se va viendo mermada por lesiones. El Atlético de Madrid sufrió hace unos meses la intensidad de la alta competición, el propio Sevilla, que se llegó a quedar sin delanteros, sufrió de lo lindo no hace mucho tiempo y ahí tenemos el caso del Madrid, que no da para basto debido a los ingresos extras que ha registrado su enfermería. Tenemos otro sintomático caso en el Villarreal. Los de Pellegrini no pasan por su mejor momento. En los últimos cinco encuentros ligueros sólo han sumado una victoria. El pasado miércoles contra el Celtic vimos al equipo amarillo fallón en muchas facetas del juego y esta tarde en el Ramón Sánchez Pizjuán el conjunto castellonense exhibió una imagen desvaída, totalmente contraria al estilo ofensivo y valiente que con los años ha conseguido implantar su entrenador en El Madrigal.
El Villarreal, con un solo delantero como referencia ofensiva, y un trivote, formado por Ibagaza, Eguren y Senna, demasiado conservador, apenas hizo un disparo a puerta ante el arco de Andrés Palop. Se podría decir que renunció a la victoria, que llegó a Nervión a verlas venir e intentar llevarse a casa un empate. Muchos de sus jugadores, Cazorla o el propio Ibagaza, por ejemplo, evidenciaron falta de frescura, Senna no está fino en las entregas, Llorente aún no anda rodado después de la lesión… El Sevilla ganó 1-0 pero pudo haber goleado de no haber sido por la impresionante actuación de Diego López.




