La selección española aún no ha ganado la Eurocopa. Ha jugado una estupenda segunda parte en semifinales ante Rusia y compitió como nadie en el partido ante Italia. Aún con todo, el equipo no es el Brasil del 70 y, como dijo Alfredo Di Stéfano, las finales no se juegan, se ganan.
Sin embargo, dada la historia reciente del equipo, la competición está siendo histórica y puede coronarse mañana ante Alemania. Desde los buenos resultados, ahora se pueden escribir sesudos análisis con las claves de la selección. Luis Aragonés vuelve a ser el sabio en vez de el abuelo zafio, y el juego de toque resulta que enamora a toda Europa y recibe portadas incluso de L’Equipe en lugar de ser un estilo aburrido, inofensivo y carente de agresividad.
Creo que los motivos del éxito son sencillos. Pese a las presiones mediáticas habituales que soporta la Roja, esos desastres llamados Federación Española y Ángel Villar y las exageraciones patrióticas de siempre, el entrenador y los jugadores han conseguido en cierto modo aislarse de todo y ser ellos mismos, dentro del campo y seguramente fuera de él.



En la previa al partido contra Italia le recordaban a Marco Van Basten la final de la Eurocopa del 88 ante la URSS, y claro, su espectacular volea a Dasaev. Modesto, el seleccionador holandés citaba al autor del centro, Muhren, y hablaba de que el gran portero por entonces soviético “no pudo llegar”. 

