
Quizá fue un joven apesadumbrado por el irregular devenir de su equipo quien, durante algún paseo otoñal por las playas de Málaga, encontró entre la arena una vieja lámpara que no parecía poseer valor alguno. Evocando viejas historias y cuentos de su niñez procedió, no sin cierta vergüenza, a frotar la lámpara con la ilusión de que surgiese de su interior algún mago azul de imperecedera sonrisa para concederle tres deseos. Durante un instante, una pequeña esperanza parecía despertarle una sonrisa, pero la lámpara permanecía impasible. El joven continuó su camino, divertido por lo inocente de su proceder. No obstante, guardó aquella vieja lámpara, le había gustado. Pasaron algunos días, y el Málaga CF anunció oficialmente que el jeque Abdullah ben Nasser Al Thani era el nuevo propietario del club.
Son, quien lo diría hace un par de años, uno de los grandes animadores del mercado estival, no sólo en España, sino en Europa entera. Con un técnico de enjundia, varios refuerzos de importancia más una base que ya proporcionó réditos al final de la temporada pasada, el Málaga parece destinado a cotas más altas de las que acostumbra. Como es habitual, hay quien pone el grito en el cielo por la ética de construir un equipo a base de talonario, pero tal y como están la cosas en nuestro fútbol, cada vez más previsible, bienvenido sea quien anime el panorama. No llegará para hacer frente a los dos colosos, pero sí quizá para animar el grupo de perseguidores.





