
Puede que algo pasara el día que Claude Makélélé abandonó el Real Madrid. Quizá fuera una maldición del propio futbolista por no valorar el club sus cualidades en su justa medida, quizá justicia poética o divina providencia, quién sabe. Pero desde aquel lejano 2003 en el que el futbolista francés abandonó la disciplina blanca tras no aceptar el club sus pretensiones, el Madrid se ha visto huérfano en la posición de mediocentro defensivo, ya que ninguno de los jugadores que han acaparado su rol en el centro del campo han conseguido alcanzar el nivel que ofreció Makélélé.
El Madrid le debía tanto al futbolista como el propio jugador al Real Madrid, que lo fichó del Celta para lanzarlo al primer plano continental. Pero ninguno de ellos estuvo elegante en la separación. El jugador demandaba un aumento acorde a lo que su trabajo merecía, pero el club no accedió. La marcha al Chelsea fue la solución encontrada. El Madrid perdió un futbolista que, al igual que Zidane o Ronaldo, también era único en lo suyo, sólo que lo suyo no era tan vistoso.

Parece ser que Ernesto Bronzetti, representante del Real Madrid en Roma, ha confirmado esta tarde en una televisión italiana que el AC Milan se ha hecho con los servicios de Emerson por 5 millones de euros.
Parece que las malas maneras se están poniendo de moda en el fútbol. El pasado fin de semana el jugador del Espanyol Eduardo Costa festejaba de una forma muy particular un gol contra el Mallorca. Según él, lo dedicaba a su familia, de la que se tatuó en el brazo derecho sus nombres, pero a primera vista pareció un corte de mangas en toda regla. Anoche, en el Santiago Bernabéu, el holandés Mark van Bommel repetía celebración, aunque ésta a propósito y ‘dedicada’ a Roberto Carlos, quien anteriormente le había dado un pisotón. 

