
El fútbol base debe tener dos máximas por encima de todo lo demás: divertirse y aprender (docere et delectare que decía Aristóteles en su Ars Poetica). Ganar o perder tiene que estar en un segundo plano. Lógicamente, claro que importa ganar, en parte porque perder tiene poco de divertido, pero cuando se trata de formar a niños hay cosas mucho más importantes que el resultado.
Varias historias, entre la leyenda urbana y la anécdota real, apuntan a que lo que menos le gustaba del fútbol a Don Santiago Bernabéu eran los padres de los jugadores. Sobra la perniciosa influencia de los padres sobre los chiquillos que practican fútbol (o cualquier otro deporte) publicó hace unas semanas un estupendo reportaje Eduardo Rodrigálvarez en El País: Papá es un ‘hooligan’.








