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16 febrero 2007
Cuando Racing derrotó a Evita (III)
Al final toda la batalla, cómo no podía ser de otro modo, se libraría en el campo. Eso sí, en las gradas y en el resto del país corría el rumor de que la final estaba arreglada para que ganara Banfield. En cambio, en el vestuario racinguista la consigna era clara, a pesar de las gustosas primas. “Ni locos, nosotros vamos al frente”, comenta un jugador de la época que no desea revelar su identidad. Había amor a la camiseta y, se intuye, temor a ese ministro que tanto les había ayudado y a ese presidente que, no lo olviden, era el mandamás del país.
Al descanso se llegó sin goles y la reanudación tuvo un comienzo eléctrico. Un tremendo zapatazo del mítico Boyé, aquel futbolista que vino de Italia en cuanto le dijeron ven, superó a Granero y puso una diferencia en el marcador que a la postre sería definitiva. El Viejo Gasómetro estalló, salvo el fondo de Banfield. Casi todo el país enmudeció y en el palco la buena de Evita seguramente miró a otro sitio, intentando olvidar que había perdido una batalla, aunque, ojo, no la guerra.
Efectivamente, la cosa no quedó ahí. Ramón Cereijo no dudaría mucho al frente del ministerio y se dice que fue Evita quien propició su salida del gobierno. La mujer del presidente tampoco pudo cantar victoria porque un cáncer de útero le haría una visita inesperada y en julio de 1953 acabó cerrando los ojos sin ver a un equipo pequeño campeón. Y todavía hay más, porque se da la circunstancia de que Racing, tras su fallecimiento, tardó horas en descubrir un busto de bronce de aquella brava mujer en su sede de Avellaneda, a pesar de que fue la misma que le intentó quitar el tricampeonato para favorecer a los más humildes.
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15 febrero 2007
Cuando Racing derrotó a Evita (II)
El escenario de la finalísima fue el Viejo Gasómetro, el que fuera mítico campo de San Lorenzo. Durante esos días se escucharon y dijeron muchas cosas ajenas al balón. La pura realidad es que Evita, ardua defensora de la clase trabajadora, no tardó en alinearse con Banfield, la escuadra menor. Era una forma más de ganarse a ese pueblo que cada día le apreciaba más. Sin embargo, el paso de los años ha dado a Perón como racinguista y a pesar de que algunos historiadores como Felipe Pigna juran y perjuran que el presidente era de Boca, la mayoría de los entendidos de la época coinciden en que el líder justicialista sólo alardeaba de Boca por simpatizar con las clases populares. Ya se sabe que a los presidentes no les gusta perder y, en cualquier caso, lo indudable es que su ministro de Economía era un incondicional albiceleste dispuesto a hacer lo que fuera por ganar esa final. El duelo en las altas esferas políticas estaba servido.
El resultado del envite fue de empate a cero y se fijó otra final para cuatro días más tarde, en el mismo escenario, con muchísima expectación y con el run run en la calle del enfrentamiento entre el jefe del estado y su esposa. Para colmo, ese decisivo partido iba a ser el primero que se televisara en Argentina. A partir de ahí, cada uno cuenta su historia, aunque realmente hay cosas que no se pueden obviar, varios hechos reconocidos por los jugadores de ambos conjuntos.
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14 febrero 2007
Cuando Racing derrotó a Evita (I)
Mucho se ha hablado de lo apasionante que fue la pasada final del Apertura en la que Boca y Estudiantes se jugaron a cara de perro el título en el estadio de Vélez. Lo cierto es que ese desenlace no era nuevo en Argentina, porque en tres ocasiones más se produjo el mismo caso, dándose un empate en la última jornada y teniéndose que decidir el asunto a un solo choque.
Sin duda, la final más recordada, a pesar de que hayan pasado más de cincuenta años, es la que protagonizaron Racing Club de Avellaneda y Club Atlético Banfield en diciembre de 1951. Es más, no nos quedaríamos cortos si dijéramos que ese encuentro ha sido el de mayor relevancia que se ha jugado en suelo argentino, salvo los de la selección nacional en 1978.
Para explicar esta apasionante historia hay que situar el contexto político de Argentina en aquella época. Eran los primeros años del gobierno de Perón, un momento en el que su mujer Evita se convertía día a día en un símbolo popular y en el que su ministro de Economía, Ramón Cereijo, reconocido seguidor de Racing, se las había ingeniado para que su equipo se pusiera a la vanguardia del fútbol nacional.
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