
Casi un lustro después de su adiós, y cuatro días después de confirmar su fugaz regreso, los sesenta y ocho minutos de tensa espera valieron la pena para Thierry Henry. Se marchó al Barcelona en 2007, a pesar que meses antes había jurado amor eterno al Arsenal renovando hasta 2010. A cambio de 24 millones de euros, en el Camp Nou logró, entre otros, un triplete, aunque no dejó la imprenta que en sus ocho años anteriores había confeccionado primero en Highbury y posteriormente en el Emirates. Sentado en el banquillo, con el contador de los dos meses que durará su retorno al cuadro gunner puesto en marcha, Henry saltó al rectángulo de juego con prisas. El 0-0 ante el Leeds, en un duelo de la FA Cup, tenía que desatascarlo alguien.
Los de Arsène Wenger estaban siendo superiores, pero les faltaba pericia de cara a gol. A falta de 22 minutos, y ante un rival de inferior categoría —¡pero qué tardes de fútbol nos ha dado el Leeds!—, el K.O. podía asomar en cualquier momento si de un despiste se trataba. Con un equipo donde jóvenes y veteranos se entremezclaban en busca del pase —de hecho, jugó el joven Ignasi Miquel— la entrada de Titi significó un soplo de aire fresco. A sus 34 años, con 226 goles con la elástica londinense a sus espaldas y con la sincera misión de ayudar al Arsenal en su corta estancia, el jugador cedido por el New York Red Bulls hasta el regreso de Gervinho de la Copa de África, entró en sustitución de Chamakh.



Al final ha conseguido que se hable de ella, aunque la haya ninguneado y mostrado una falta de respeto total hacia los seguidores del fútbol inglés. La Sexta, bueno en concreto los dirigentes analfabetos que prefieren emitir cualquier programa enlatado que una competición en directo cuyos derechos han comprado, ha decidido no emitir la final de la FA Cup. ¿Por qué? Porque para esos dirigentes analfabetos ninguno de los dos equipos finalistas tenían el tirón suficiente como para emitirla en directo.

