
Es tópico recurrir al había que estar allí para vivirlo pero no menos cierto. No había calle que no tuviera un balcón engalanado, taxi sin bufanda, farolas con banderas, obras decoradas para la ocasión, restaurantes con menús especiales del Athletic… Incluso un autobús descapotable que iba tirando bufandas por toda la ciudad con una sonora fiesta en su interior. Lo que se vivió esta semana en Bilbao con motivo de la semifinal de Copa es difícil describir. Sí, había que estar allí para vivirlo. El Athletic está en la final, lo consiguió el miércoles pero el partido empezó a jugarse mucho antes porque los vascos cocinaron su pase a fuego lento, volcándose día tras día la ciudad un poquito más con un evento que les devolvió a la posibilidad de luchar por un título prácticamente un cuarto de siglo después.
Lo que se vivió en las calles de la capital vizcaína recuerda y mucho al ambiente previo a la semifinal que el Sevilla disputó contra el Schalke. Aquella ocasión, abril de 2006, la capital andaluza vivía su Feria con un ambientazo descomunal… Había como un aura de optimismo sin límites que protegía al equipo hispalense de la derrota. En Bilbao ocurrió lo mismo, el Athletic ganó por ilusión y coraje, por el inestimable aliento de su gente que hizo de San Mamés un hervidero de sentimientos en el que se celebraban como goles los simples despejes.



