El Villarreal CF vive tiempos aciagos. Tras su última derrota frente al nuevo líder, el Levante, está situado en la 16ª plaza, sólo dos puntos por encima del descenso y alejado por nueve de los puestos de Champions, habiendo sido capaz de ganar en únicamente un partido de los ocho disputados hasta la fecha (2-0 al Mallorca, J5). Paralelamente, su periplo en la máxima competición europea se ha convertido en una pesadilla: sus 0 puntos en 3 jornadas le han condenado a aspirar como mucho al un tercer puesto que le permita salvar los muebles cayendo a la Europa League.
El equipo castellonense vive inmerso en una depresión, un estado de ánimo que hacía años que no conocía. La teoría más extendida, tanto interna como externamente, es que todo comenzó con la marcha de Santi Cazorla al Málaga CF. Perder al jugador franquicia es muy duro para cualquier equipo y el riesgo de pegar un bajón de energía es muy considerable. Pero así está nuestro fútbol. Debajo del duopolio Barça-Madrid, nuestros otros dos equipos Champions se han visto obligados a vender a su máxima estrella: a la ya mencionada salida de Cazorla del Villarreal hay que sumar la de Juan Mata, que dejó el Valencia rumbo a Londres. Así pues nuestros tercer y cuarto equipos de la Liga no pueden retener a sus mejores futbolistas, ya sea para sanear la deuda, caso de los blancos, o ya sea para cuadrar la cuentas en positivo, caso de los amarillos.



