Nadie echó de menos a Iniesta

Todas las alarmas que se encendieron el pasado domingo, minutos después de dejar escapar la oportunidad de ganar la Liga en el Camp Nou, con la preocupante lesión de Andrés Iniesta se fueron apagando anoche con el paso de los minutos, después de 48 horas en las que en boca de todos estaba la importante ausencia del héroe de Stamford Bridge, que no sólo se perdería la final copera ante el Athletic sino que también corría el riesgo de no estar en Roma el próximo 27 de mayo.
Por suerte, la lesión del manchego no fue tan severa como dejó entrever Pep Guardiola tras la conclusión del choque ante el Villarreal, pero sí lo suficiente para que el centrocampista dejara escapar, muy a su pesar, la posibilidad de jugar en Mestalla. La enfermería barcelonista, además, contaba con inquilinos de un gran peso específico en la plantilla del aspirante a la triple corona. Junto a Iniesta estaban Henry y Márquez. De los dos últimos Guardiola ya se había sobrepuesto en la vuelta de las semifinales de la Champions League, pero de la ausencia del primero había que encontrar una solución de garantías de manera inminente.



Partiendo de la base que el último sería la final disputada hace ya 11 años ante el Real Mallorca (1-1), también en Mestalla, y que terminó con triunfo blaugrana en la tanda de penaltis, consideramos el penúltimo recuerdo como uno de los sucedidos la temporada anterior, la que ganó en 1997 ante el Betis (3-2), concretamente una eliminatoria de cuartos que midió al Barcelona con otro histórico rojiblanco, el Atlético de Madrid, y que concluyó de manera épica, con una remontada que, para un servidor, se ha convertido en una de las mejores reminiscencias que guarda no solamente de la Copa del Rey, sino también de este deporte tan impredecible y a la vez tan fantástico llamado fútbol.





