
Cuando el Atlético de Madrid decidió en verano de 2007 traspasar a Fernando Torres al Liverpool muchos de sus aficionados se tiraron de los pelos. Algunos, incluso, crearon plataformas para que, en forma de firma, se pudiera retener al ‘Niño’, que finalmente se marchó rumbo a la Premier League por 36 millones de euros. Muchas de las esperanzas de presente y futuro en aquel momento pasaban por la continuidad del ariete de Fuenlabrada, que podía formar una dupla de oro con Diego Forlán, fichado unos días antes del Villarreal por 21 millones de euros. Sin embargo, la necesidad de hacer caja y el deseo de Torres en buscar un lugar donde conseguir títulos y seguir progresando, terminaron el desenlace menos deseado. Porque aunque si Forlán era un gran delantero, Fernando, además de serlo, era rojiblanco a muerte.
Casi tres años después de aquello, hoy pocos aficionados se acuerdan de aquello. Anoche, el sustituto del ‘Niño’ volvió a salir a escena ante el Fulham, como hacen los grandes jugadores en los grandes acontecimientos. Forlán volvió a demostrar ser un auténtico killer del área, volvió a dejar patente su carácter ganador. Que por sus venas transita el gol. ‘Diegol’ hizo honor a su apodo con sendos tantos que valieron una Europa League. Pero no sólo eso. Puso fin a tantos y tantos años de travesía por desierto colchonero. Y Neptuno volvió a pintarse de rojiblanco. Como hizo, también, después del gol del uruguayo ante el Liverpool de Torres en la semifinal del torneo continental. Borrando, de alguna manera, aquel dolor de cabeza que significó deshacerse del icono de aquel momento y grabando, también de alguna manera, su nombre en la historia del Atlético de Madrid.






