
La gran Libertadores que se ha venido disputando en 2008 se cerró anoche con un partido inolvidable entre Liga y Fluminense. Los ecuatorianos traían un ventajoso 4-2 de Quito, después de que en una primera parte inmaculada le hicieran cuatro a los carioca, merced a una fabulosa exhibición de sus extremos Bolaños y Joffre Guerrón, que en pocos días aterrizará en Getafe. Estaba difícil para el Flu, pero en Marcana, que se lo digan a Uruguay, puede ocurrir cualquier cosa. 90.000 hinchas dibujaban una postal de época, creando un ambiente exultante que buscaba achicar al conjunto de Edgardo Bauza. Sin embargo, el técnico argentino tiene muy bien trabajado a LDU, que siempre sabe lo que se hace con su ya mítico esquema de 4-4-1-1. Por eso, a pesar del adverso clima, Guerrón y Bolaños la volvieron a liar. El primero se marcó una de sus jugadas que le hacen perturbar a sus contrarios y Bolaños mandó a la red el centro de su compañero de travesuras. Los locales tenían que marcar a partir de ese momento tres goles… Pocos podían pensar en la remontada y en esos momentos de absoluta desazón, apareció Thiago Neves, hizo suyo el cuero y cambió la historia de la eliminatoria.
Neves es uno de los grandes nombres propios de esta copa. Ha rendido a un nivel altísimo y su salto a Europa es incuestionable, por mucho que su carácter rebelde pueda jugarle alguna mala pasada. El de Curitiba se echó ayer el equipo a sus espaldas cuando más lo necesitaban sus compañeros, demostrando su espíritu de líder. Casi de forma inmediata al tanto de Bolaños contestó con un latigazo imparable, cortesía de su prodigiosa zurda, que dejó seco al cancerbero Cevallos. A partir de esa genialidad, el Fluminense se convirtió en un tornado que arrasaba lo que se encontraba en frente. Neves logró el segundo antes del descanso tirando de picardía y ya en el siguiente acto, Renato Gaucho, que aspiraba a entrar en el selecto club de hombres que han ganado la Libertadores como jugador y técnico, se la jugaba sacando a Dodó, delantero que ha revolucionado innumerables eliminatorias entrando desde el banquillo. No fue él, en cambio, ni tampoco un desafortunadísimo Washington, que en esta final no estuvo en ninguno de los dos encuentros, el que lograra igualar el cruce. De nuevo la gloria corrió a cargo del enorme Neves, que como los grandes dio su mejor versión en el choque decisivo.