El paso de los minutos ha dejado el triunfo en el Camp Nou en agua de borrajas. Lo que parecía, se intuía, se deseaba, el inicio de la remontada blanquiazul, es, dos encuentros más tarde, puro espejismo. El Espanyol transita como los cangrejos y tras volver a perder anoche en El Madrigal tiene la salvación a seis puntos, al que se le podría añadir alguno más dependiendo de lo que hagan este domingo sus principales rivales por evitar el descenso.
Lo cierto es que el choque ante el Villarreal es de esos que parece que por más empeño que uno ponga nunca conseguirá el objetivo. La derrota por la mínima (1-0) no refleja, probablemente, lo que se vio sobre el tapete verde. O en parte sí, porque las ansias espanyolistas son cada vez más patentes y es Luis García su máximo exponente. El delantero asturiano, como todo delantero, se nutre de goles. Sin embargo, suma cinco meses sin saber lo que es perforar una meta contraria. La reacción ante tal nerviosismo, un penalti que pegó con tanta rabia que el balón acabó siendo escupido por el travesaño.




