
La voz resonó, clara y vibrante, entonando en la lengua de Rohan la llamada a las armas: “¡De pie ahora, de pie, Caballeros de Théoden! Desgracias horrendas nos acechan, hay sombras en el Este”
Espero sepan disculparme la dramatización, pues por mucho poder que acapare el fútbol ruso, ninguna horrenda desgracia nos espera. Pero al igual que los avezados jinetes de Rohan frente a la amenaza de Mordor, bien haría la vieja aristocracia futbolística europea en desconfiar del peligro que para sus intereses supone el creciente potencial de la Russian Premier League. Quizá no exista allí el Monte del Destino ni la tenebrosa torre de Sauron, siempre vigilante, pero sí arcas repletas de petrodólares, los mismos que año tras año atraen a interesantes futbolistas del panorama internacional.
Atrás quedaron los tiempos donde la rusa era una liga menor en la que destacaban buenos futbolistas a bajo precio para los equipos europeos de media tabla, e incluso algún grande como Kanchelskis en el Manchester o Karpin y Mostovoi en el mejor Celta de la historia. Radchenko, Popov, Nikiforov, Onopko o Tcheryshev son nombres que todos conocemos. Pero las cosas han cambiado y la competición rusa no sólo vende caro, sino que compra a lo grande.












