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El fútbol y la guerra fría: tópicos norcoreanos

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Cuando inicié mi serie de post sobre el fútbol y la guerra fría, no pensaba que alguno de los artículos iba a tratar sobre un tema actual. Pero de hecho, la guerra fría no se ha apagado del todo: pequeños “oasis” como Cuba o Corea del Norte mantienen que las relaciones entre algunos estados, las consecuencias a nivel político y el alcance mediático, sigan rigiéndose por patrones generados en la guerra fría. Y esto sigue afectando al ámbito deportivo.

La presencia de Corea del Norte en el pasado Mundial dio rienda suelta para la exposición de una serie de tópicos relacionados con el país asiático y su rígido y anacrónico sistema stalinista, donde la manipulación informativa es un hecho pero que da rienda suelta para nuestra manipulación informativa, la occidental. Tras el primer partido ante Brasil donde los norcoreanos perdieron con dignidad, un vídeo – el que podéis ver encabezando el post -que intentaba mostrar a los noticiarios oficiales de Corea del Norte manipulando la información para asegurar que el equipo asiático se hizo con la victoria por 1 a 0. Aunque el vídeo es un falso montaje, muchos se lo creyeron.

Tras un prometedor inicio ante Brasil, Corea del Norte certificó su papel de Cenicienta del torneo con dos derrotas aplastantes ante Portugal (7-0) y Costa de Marfil (3-0). Tras esto, yo estaba esperando la difusión de la noticia que asegurara que los jugadores habían sido deportados a un gulag como castigo, o algo así. La “noticia” en este sentido ha llegado, aunque un poco descafeinada.

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El fútbol y la guerra fría: Popescu, informador de la Securitate

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Popescu

Cuando uno decide hacer una serie de artículos sobre la relación entre el fútbol y la Guerra Fría, analiza sobre todo hechos acontencidos y conocidos durante dicho proceso histórico. Pero a medida que se van desclasificando archivos, surgen noticias que hacen que el tema a menudo reviva en la actualidad. Es el caso de la noticia que se ha destapado recientemente a raíz de la desclasificación de unos archivos de la Securitate rumana – la temible policía política del régimen de Ceauşescu – que apuntan a algunas personas relacionadas con el fútbol como informadores para el régimen. Entre ellos está el actual entrenador del Standard de Lieja Ladislau Bloni y, el caso más llamativo, el ex jugador del Barça Gheorghe (Gica) Popescu.

La semana pasada el jugador negó las acusaciones sobre este supuesto rol, puesto de manifiesto en un dossier de 32 páginas guardado en las dependencias del Consejo Nacional para el Estudio de los Archivos de la Securitate. Según los datos de ese dossier, Popescu fue reclutado cuando tenía 19 años para “defender y proteger a los miembros del Universatea Craiova”, su equipo en aquella época, entre los años 1986 y 1989. El dossier indica que “A través de su comportamiento y modo de actuación, Popescu es una garantía de colaboración con las autoridades de seguridad”. Su función en concreto era elaborar informes acerca de sus compañeros de equipo, informes estos destinados a detectar comportamientos disidentes, intención de exilio u otros comportamientos contrarios a las leyes del régimen comunista rumano.

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El fútbol y la guerra fría. La Stasi en la Oberliga (II)

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Oberliga

En mi primer post sobre la presencia de la policía política de la Alemania del Este en su liga doméstica, vimos como ésta se “infiltró” de forma exagerada en el Dynamo de Dresden y cómo utilizó a gran parte de su personal para detectar y evitar conductas contrarias al régimen y evitar a muchos jugadores la tentación de emigrar a algún país capitalista. Pero aunque el caso del equipo de Dresden fue el más paradigmático, no fue el único. A principios de la década de los setenta, la organización intentó reclutar al defensa Gerd Kische del Hansa Rostock como Inoffizielle Mitarbeiter mientras estaba convocado con la selección nacional, para revelar conductas sospechosas durante los Juegos Olímpicos de 1972 y el Mundial de 1974. Pero al parecer, este acuerdo nunca acabó de hacerse efectivo porque el jugador lo evitó una y otra vez.

Tampoco los árbitros escaparon a las redes de la Stasi. Según documentos desclasificados en los últimos años, algunos árbitros también actuaban como espías y tenían su propio alias en clave. Así, Adolf Prokop “Gustav”; Rudi Glöckner (“Hans Meyer”) y Bernd Stumpf (“Peter Richter”). También colaboraron y gozaban de su propio nombre clave tres entrenadores de la selección nacional: Eduard Geyer (“Jahn”), Bernd Stange (“Kurt Wegener”) y Georg Buschner.

Otra importante tarea a la que se dedicaba la Stasi en la Oberliga era al control de los aficionados durante los partidos, cuya presencia en masa podría favorecer sinergias colectivas que perjudicaran al régimen, así como una creciente y preocupante tendencia al hooliganism. Este control era especialmente estricto cuando se enfrentaban a rivales procedentes del otro lado del Telón de acero.

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El fútbol y la guerra fría. La Stasi en la Oberliga (I)

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stasi.jpgHace dos años, la película La vida de los otros de Florian Henckel von Donnersmarck triunfaba en la edición de los Óscar y en las pantallas de todo el mundo con una historia que narraba el “espionaje cotidiano” al que se veían sometidos los habitantes de la extinta República Democrática Alemana. En efecto, la temida Stasi tenía organizado un complejo sistema de espionaje que se caracterizaba por la obsesión de controlar todos los estamentos de la sociedad de la RDA, con una red de espionaje que iba de “abajo a arriba” y en la que tu vecino, tus amigos e incluso tu esposa/o podría estar pasando información comprometida a la Seguridad de la RDA.

Esta red de espionaje interior buscaba disidentes políticos e intentaba evitar la huida de los llamados Republikflüchtlinge, los ciudadanos que escapaban a países del bloque capitalista, debido al terrible impacto que esto causaba sobre la planificada economía nacional. Como hemos visto aquí en otras ocasiones, el fútbol también ha sido y sigue siendo protagonista de exilios y disidencias, y por supuesto no iba a quedarse al margen de las garras de la Stasi.

En su libro de investigación Erich Mielke, la Stasi y el cuero redondo, Hans Leske revela cuán grande y complejo llegó a ser este entramado perfectamente ilustrado y organizado por Erich Mielke: máximo dirigente de la Stasi y a su vez presidente de la organización deportiva de la policía y la agencia de seguridad de Alemania del Este, el Sportvereinigung Dynamo. En un discurso ante el resto de directivos de la asociación en 1979, Mielke afirmó: “Debemos seguir con mucha atención el comportamiento de nuestros deportistas para saber quiénes están con nosotros. Debe producirse la señal correspondiente a su justo tiempo cuando hay indicios de que alguien puede ser reclutado por el enemigo”.

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El fútbol y la guerra fría: Los "Chollima" de Corea del Norte

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Corea del Norte sigue siendo todo un enigma para el resto del mundo. Salvo las imágenes anuales de su desfile militar, algunas hambrunas periódicas, sus coqueteos con las armas nucleares y su inclusión en el “Eje de Mal” bushiano, poco más se sabe de lo que ocurre al norte del paralelo 38, salvo tal vez las informaciones que podemos encontrar en la delirante página web del país.

Pero el fútbol abrió hace unos años una brecha y fue la excusa para colar algunas cámaras en el hermético estado oriental. Fue el director de cine británico Daniel Gordon el que consiguió el permiso para rodar un documental futbolero en Corea del Norte, tras cuatro años de esfuerzos. El documental, bajo el título de “The Game of Their Lives” (2002), habla de la increíble victoria de la selección de Corea del Norte sobre Italia en el Mundial de 1966, cómo se vivió aquella hazaña a uno y otro lado del telón de acero y sigue a los protagonistas del encuentro en la actualidad.

En 1966 Corea del Norte estaba en plena expansión económica tras los destrozos de la guerra, en el marco de una estructura estalinista que abogó por las grandes infraestructuras y la industria pesada. Este movimiento fue bautizado como “Chollima”, nombre de un caballo mitológico presente en la mitología coreana y en otras fuentes del extremo oriente. El equipo que acudió a Inglaterra en 1966 también se denominó el “Equipo Chollima”, arrastrados por esta fiebre de superación de las adversidades, por la cual también se creó un himno para la ocasión en el que se cantaba: “Podemos vencer a cualquiera, también a los más fuertes”.

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El fútbol y la guerra fría: Boicot

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Anti ApartheidEn las últimas semanas ha surgido en torno a los próximos Juegos Olímpicos de Pekín, algunas voces que reclaman el boicot a este evento a causa de la ocupación del Tíbet por parte de China y de la falta de respeto por los derechos humanos en el gigante asiático. El boicot olímpico es una opción extrema que dudamos que en la edición de este año pase por algo más que el “boicot televisivo” que ha sugerido el seleccionador francés Raymond Doménech. Sin embargo, en los años ochenta asistimos a sendos boicots por parte de las dos superpotencias enfrentadas en la Guerra Fría, que afectaron a los Juegos de Moscú en 1980 y de Los Ángeles en 1984.

Con la excusa oficial de la invasión de Afganistán por parte de la Unión Soviética en 1979, Estados Unidos encabezó un boicot sobre los Juegos de Moscú al que se adhirieron otros 64 estados. Por su parte, los rusos harían lo propio cuatro años después en las Olimpiadas de Los Ángeles de 1984, arrastrando con su decisión a sus países satélite. Cuba también dejó de ir a los Juegos de Seul en 1988, pero de esto pocos se entreraron salvo en la isla caribeña.

Los años ochenta, sobre todo hasta la subida al poder de Gorbachov y su Perestroika, vivieron un recrudecimiento del conflicto que afectó también al plano cultural y deportivo. Es la época del retorno al miedo nuclear, de los Rambo, del Rocky que ha pasado de ser un perdedor de la deprimida Filadelfia de los setenta a un hérore americano y justiciero, que va a deshacerse de esa fría máquina de matar soviética llamada Ivan Drago.

Y cualquier conflicto en un remoto país era susceptible de causar la reacción negativa en uno u otro bando. La política del Apartheid en Sudáfrica también desencadenó reacciones de boicot a partir de las sanciones decretadas por la ONU en 1977, como el de los artistas de actuar en el país o el boicot africano a los juegos de Montreal de 1976, y significó también otro motivo de disputa entre ambas superpotencias, que en esta ocasión, también afecto a un modesto episodio dentro del mundo del fútbol.

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El fútbol y la guerra fría: James Riordan, un inglés en Moscú

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Camarada JimExiste un topos idílico entre los aficionados al fútbol y al deporte en general, que hemos visto reproducido en películas, anuncios de televisión y otras obras de ficción. Y en un ámbito más extendido, la podemos ver en uno de los múltiples cástings que se reproducen en la parrilla televisiva cual cucarachas. La típica escena en la que un desconocido jugador salta al campo siendo el último recurso para sustituir a otro jugador de nivel, y gracias a su actuación salta inmediatamente al estrellato.

Pues esto fue justo lo que le pasó a James Riordan, y en el escenario que más se aleja de esta idea capitalista del éxito casual e instantáneo, el glamour y las oportunidades únicas. James Rirdan fue el único británico que jugó en la liga soviética, aunque su historia es bien poco conocida incluso en su propio país, siendo más recordada la no menos mítica historia de Robert Lockhart, un diplomático-espía inglés que llegó a jugar para el Dynamo de Moscú en la Rusia prerrevolucionaria.

Pero volvamos al caso de Riordan, cuya historia completa se explica en el libro “Comrade Jim: the spy who played for Spartak”. En 1963, Riordan era un militante comunista convencido, que tras pasar un periodo como agente para los servicios británicos y ser enviado a Berlín, donde estableció contactos con los soviéticos y acabó muy atraído por ellos, se convirtió en uno de los primeros – y últimos – estudiantes británicos que cursaron en un colegio superior del partido en Moscú. En esa época, coincidió con una pequeña comunidad de ingleses entre los cuales estaban los celebérrimos Kim Philby y Guy Burgess, dos de los miembros más destacados de los llamados “Espías de Cambridge” que actuaron como agentes dobles al servicio de la Unión Soviética y, tras ser descubiertos, tuvieron que escapar al otro lado del telón de acero. De hecho, sólo unos días antes de su breve historia futbolística, Riordan había sido uno de los portadores del féretro de Burgess. Este grupo sí debía sentirse como un “alién legal”, como califica Sting un “Inglés en Nueva York” en su famosa canción.

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El Fútbol y la Guerra Fría. Peter Vermes: un americano en la Hungría comunista

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Peter VermesEn 1977, cuando Peter Vermes tenía once años de edad, su padre lo llevó a ver un partido clasificatorio para el Mundial que iba a disputarse en su ciudad, entre las selecciones de Hungría y la Unión Soviética. Desde la grada, mientras observaba el partido, le comentó a su padre: “Un día voy a jugar en este estadio. Lo haré la selección de Estados Unidos y vamos a jugar contra Hungría”.

Este deseo de enfrentarse a Hungría desde filas norteamericanas respondía a su contexto familiar. Nació en Delran, New Jersey en 1966, de padres húngaros. Su padre, Michael, había sido un jugador profesional durante los años 50 en el Budapest Honvéd FC, pero sus aspiraciones a llegar a la internacionalidad y disputar el Mundial de 1958 con su selección se vieron frustradas por la intervención militar soviética en Hungría en 1956, por la cual Michael tuvo que trasladarse a los Estados Unidos.

Pasados los años, Michael volvía a Hungría con su hijo en verano o en periodos vacacionales, para que el pequeño Peter no olvidara sus raíces. También le inculcó su pasión por el fútbol y el joven Peter empezó a destacar como uno de los jóvenes más prometedores del discreto panorama futbolístico norteamericano de los años 80.

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El Fútbol y la Guerra Fría. El Dynamo de Moscú de gira por Gran Bretaña

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Aficionados del Dynamo en Stamford BridgeRecientemente he acabado de leer el libro Passovotchka: Moscow Dynamo in Britain, 1945, escrito por David Downing. Como indica su título, el libro realiza un exhaustivo repaso de todos los pormenores de una gira que el club moscovita realizó por Inglaterra, Escocia y Gales, paises aún convalecientes de los devastadores efectos de la Segunda Guerra Mundial. La Guerra Fría no había empezado oficialmente y para los ingleses los rusos eran aún aliados, aunque rodeados de un sempiterno aura de misterio. La situación no tardaría en cambiar: ya durante la gira, se desarrollaron importantes conversaciones sobre la conveniencia o no del monopolio de la bomba atómica por parte de Estados Unidos, una de las primeras discusiones que empezaron a generar tensión entre las dos superpotencias. Así, el libro habla tanto de fútbol como de las relaciones anglo-soviéticas de la postguerra.

Durante la gira, los rusos disputaron cuatro partidos, venciendo contra el Arsenal y el Cardiff y empatando con Chelsea y Glasgow Rangers, por lo que volvieron a Moscú invictos y habiendo mostrado al orgulloso fútbol británico una nueva forma de entender el deporte rey. El Dynamo tenía una disciplina táctica muy avanzada, unos sistemas de entrenamiento físicos cuidadosamente estudiados – el hecho de que los jugadores del Dynamo saliesen al campo veinte minutos antes del inicio del partido para calentar era, por aquel entones, revolucionario, así como la utilización de la pizarra y una dieta estudiada – y sus jugadores tenían mucho talento. Las autoridades soviéticas se tomaron muy en serio esta gira, ya que consideraban que gracias al deporte podrían demostrar también la superioridad de su sistema social y económico. Y ciertamente, las connotaciones políticas estuvieron presentes en paralelo a las futbolísticas en los numerosos artículos y entrevistas publicados por los medios británicos y rusos.

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El fútbol y la guerra fría: Los ases buscan la paz

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Ases buscan la paz cartelUn tema paradigmático dentro de la relación entre el deporte rey y la guerra fría es el de los futbolistas exiliados. Aquellos que con mayor o menos dificultad escaparon de un país comunista para jugar en una liga de la Europa Occidental, atraídos por las libertades individuales y, sobre todo, por la posibilidad de prosperar económicamente.

Jugadores de todos los pelajes y de todos los países del este atravesaron el telón de acero para buscar mejor fortuna. De entre todos, sin duda el más famoso fue Ladislao Kubala, cuya biografía de principio a fin explica por sí sola la relación entre el fútbol y la guerra fría y cuya odisea hasta llegar a Barcelona fue, además, todo un ejemplo de la aventura y los riesgos que esperaban a todos aquellos que “traicionaban” a sus patrias pasando a territorio enemigo.

Se ha escrito mucho y bueno sobre Kubala, tanto de sus hazañas futbolísticas como su peculiar periplo en el exilio. Por ello, no quería limitarme a explicar su biografía, que puede ser encontrada fácilmente en la red. Buscaba una forma alternativa de acercarme a su historia en relación a la guerra fría. Entonces topé con Los ases buscan la paz (1955), película protagonizada por el mismo Kubala y que narra su vida desde su infancia hasta su fichaje por el Barcelona, con la trama principal centrada en su huída de Hungría y su aventura en el exilio por Austria, Italia y finalmente España.

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