Cuando inicié mi serie de post sobre el fútbol y la guerra fría, no pensaba que alguno de los artículos iba a tratar sobre un tema actual. Pero de hecho, la guerra fría no se ha apagado del todo: pequeños “oasis” como Cuba o Corea del Norte mantienen que las relaciones entre algunos estados, las consecuencias a nivel político y el alcance mediático, sigan rigiéndose por patrones generados en la guerra fría. Y esto sigue afectando al ámbito deportivo.
La presencia de Corea del Norte en el pasado Mundial dio rienda suelta para la exposición de una serie de tópicos relacionados con el país asiático y su rígido y anacrónico sistema stalinista, donde la manipulación informativa es un hecho pero que da rienda suelta para nuestra manipulación informativa, la occidental. Tras el primer partido ante Brasil donde los norcoreanos perdieron con dignidad, un vídeo – el que podéis ver encabezando el post -que intentaba mostrar a los noticiarios oficiales de Corea del Norte manipulando la información para asegurar que el equipo asiático se hizo con la victoria por 1 a 0. Aunque el vídeo es un falso montaje, muchos se lo creyeron.
Tras un prometedor inicio ante Brasil, Corea del Norte certificó su papel de Cenicienta del torneo con dos derrotas aplastantes ante Portugal (7-0) y Costa de Marfil (3-0). Tras esto, yo estaba esperando la difusión de la noticia que asegurara que los jugadores habían sido deportados a un gulag como castigo, o algo así. La “noticia” en este sentido ha llegado, aunque un poco descafeinada.



Hace dos años, la película La vida de los otros de Florian Henckel von Donnersmarck triunfaba en la edición de los Óscar y en las pantallas de todo el mundo con una historia que narraba el “espionaje cotidiano” al que se veían sometidos los habitantes de la extinta República Democrática Alemana. En efecto, la temida Stasi tenía organizado un complejo sistema de espionaje que se caracterizaba por la obsesión de controlar todos los estamentos de la sociedad de la RDA, con una red de espionaje que iba de “abajo a arriba” y en la que tu vecino, tus amigos e incluso tu esposa/o podría estar pasando información comprometida a la Seguridad de la RDA.
En las últimas semanas ha surgido en torno a los próximos Juegos Olímpicos de Pekín, algunas voces que reclaman el boicot a este evento a causa de la ocupación del Tíbet por parte de China y de la falta de respeto por los derechos humanos en el gigante asiático. El boicot olímpico es una opción extrema que dudamos que en la edición de este año pase por algo más que el “boicot televisivo” que
Existe un topos idílico entre los aficionados al fútbol y al deporte en general, que hemos visto reproducido en películas, anuncios de televisión y otras obras de ficción. Y en un ámbito más extendido, la podemos ver en uno de los múltiples cástings que se reproducen en la parrilla televisiva cual cucarachas. La típica escena en la que un desconocido jugador salta al campo siendo el último recurso para sustituir a otro jugador de nivel, y gracias a su actuación salta inmediatamente al estrellato.
En 1977, cuando Peter Vermes tenía once años de edad, su padre lo llevó a ver un partido clasificatorio para el Mundial que iba a disputarse en su ciudad, entre las selecciones de Hungría y la Unión Soviética. Desde la grada, mientras observaba el partido, le comentó a su padre: “Un día voy a jugar en este estadio. Lo haré la selección de Estados Unidos y vamos a jugar contra Hungría”.
Recientemente he acabado de leer el libro Passovotchka: Moscow Dynamo in Britain, 1945, escrito por David Downing. Como indica su título, el libro realiza un exhaustivo repaso de todos los pormenores de una gira que el club moscovita realizó por Inglaterra, Escocia y Gales, paises aún convalecientes de los devastadores efectos de la Segunda Guerra Mundial. La Guerra Fría no había empezado oficialmente y para los ingleses los rusos eran aún aliados, aunque rodeados de un sempiterno aura de misterio. La situación no tardaría en cambiar: ya durante la gira, se desarrollaron importantes conversaciones sobre la conveniencia o no del monopolio de la bomba atómica por parte de Estados Unidos, una de las primeras discusiones que empezaron a generar tensión entre las dos superpotencias. Así, el libro habla tanto de fútbol como de las relaciones anglo-soviéticas de la postguerra.
Un tema paradigmático dentro de la relación entre el deporte rey y la guerra fría es el de los futbolistas exiliados. Aquellos que con mayor o menos dificultad escaparon de un país comunista para jugar en una liga de la Europa Occidental, atraídos por las libertades individuales y, sobre todo, por la posibilidad de prosperar económicamente. 

