
Es un jugador controvertido, quizás algo canalla. Pero es un jugador que cumple. Sus juergas fuera del campo puede que hayan provocado su explosión tardía. Seguramente explican que a sus 27 años aún no haya tenido una oportunidad en un grande. En cualquier caso, lo innegable es que Dani Güiza es un delantero como la copa de un pino, un ariete con clase, con remate, con múltiples recursos para buscar la solución adecuada en el momento de marras. El momento del gol.
Esta tarde en Huelva marcó otro. Ya suma cuatro. El Mallorca volvió a ganar. Otra más. Qué bien pinta este equipo de Gregorio Manzano. Pero volvamos al jerezano, que se marchó a la isla con enorme satisfacción. Confesó que se sentía especialmente motivado por el hecho de que año pasado en el campo del Recreativo le llamaran borracho. Él estuvo allí, en tierras onubenses, donde al igual que en otros equipos pasó con más pena que gloria por sus hábitos nocturnos. No le ha venido nunca bien hablar a Güiza antes de los encuentros. De hecho en la previa de la final de Copa del año pasado dijo que tenía ganas de callarle la boca a Del Nido y al final fue Palop el que se la cerró a él. Es un tipo polémico, que duda cabe. Extraña de hecho, él mismo lo ha reconocido en alguna que otra entrevista, que el Getafe haya querido venderlo, a pesar de que a él no le importaba seguir allí. Todo lo dicho es cierto. Pero más cierto todavía es que en los metros finales este hombre resulta de plenas garantías.


Ver para creer. El Getafe ha logrado lo impensable: el milagro, el sueño hecho realidad. Se ha clasificado para la final de la Copa del Rey después de un partido majestuoso, fantástico, genial, heroico. Un encuentro que ya debe ocupar un lugar privilegiado en la historia del club azulón porque casi nadie, salvo el presidente, entrenador y algún jugador getafense, creían en la remontada. 

