Y cuando uno habla de ilustre habla de estrella fugaz, de jugador que de chaval prometió y que de mayor no cumplió. Habla de el enésimo futbolista (Tote, Farinós, Jose Mari…) que desciende un peldaño en su carrera porque su rendimiento en cualquier otro club de élite dista mucho del que de él se esperaba. Gerard López, quién se lo iba a decir hace una década, ha firmado por lo que queda de temporada por el Girona de la Liga Adelante. El catalán, uno de los mejores centrocampistas cuando, sin él mismo saberlo, alcanzó su apogeo, se encontraba sin equipo desde que el pasado verano terminase su (discreta) vinculación a la que parecía su última oportunidad de renacer, el Recreativo de Huelva.
Gerard va a cumplir el mes que viene 30 primaveras y lo podrá celebrar como a cualquier persona le gusta vivir este tipo de celebraciones: disfrutando del fútbol, su principal pasión y a la vez su principal dolor de cabeza. El deporte que le catapultó a lo más alto y el que también le ha hecho descender de manera sideral a la cruda realidad del que lejos está de cumplir las expectativas. El Girona, un recién ascendido a la categoría de plata y que ha terminado la primera vuelta en una dignísima posición, es el conjunto que ha llamado a su puerta para incorporarlo a última hora, ya que, recordemos, el plazo de fichajes se cerró el último día de enero. La lesión de Óscar Álvarez ha abierto la puerta de nuevo al fútbol al centrocampista.


Hoy se ha concretado la vuelta de un viejo conocido de la Liga a nuestro país. Un futbolista en el que había grandes esperanzas depositadas en su momento, pero que no terminó de fraguar. Estamos hablando de Gerard López, que 

